Este verano nos ha deparado una oportunidad de innegable repercusión sobre el que suscribe e, indirectamente, el lector. El pasado lunes se desarrolló en el Museo de La Voz de Galicia, en Sabón, una mesa redonda que reunió al Defensor del Lector de El País, Camilo Valdecantos, al de La Vanguardia de Barcelona, Josep Maria Casasús, y al Amigo del Lector de La Voz de Galicia. Moderó el grato encuentro Francisco Docampo, director de la Fundación Santiago Rey Fernández-Latorre, que organizaba el curso junto con la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. La coincidencia de los tres responsables de esta área en tres de los primeros periódicos de España se tradujo en un jugoso intercambio de experiencias, aguzadas por las preguntas de Docampo y el nutrido bombardeo de los estudiantes, poco frecuente en los coloquios de este u otro tipo. En general los puntos de vista de Casasús, Valdecantos y un servidor resultaron, como es natural, comunes. El Amigo del Lector de la Voz, el novel de los tres, agradeció, dentro de lo que cabe, que aquéllos le entregasen los trastos de morir, que no de matar. La tipología de los lectores disconformes con los distintos medios encaja por completo en cualquiera de ellos, con predominio de los guardianes de la lengua escrita. Uno de los Defensores se lamentaba, incluso, de la contumacia en el error, porque a su juicio sólo había propósito de enmienda, sin correcciones apreciables. Otro aseguraba que ahora, en pleno siglo XXI, había más erratas. Nosotros adujimos que más erratas, no, aunque sí cada vez más errores, lo cual no es de extrañar considerando que los redactores jóvenes -con todas las excepciones, desde luego- proceden de los mismos centros de enseñanza y la misma sociedad que sus compañeros de otras profesiones. Una civilización que tiende a desterrar la cultura no funcional, difícilmente puede expresarse bien en cualquier idioma. Sorprendidos Ahora bien, mis dos colegas quedaron muy sorprendidos al conocer las cifras de las reclamaciones que recibe el Amigo del Lector. Tanto en términos absolutos como relativos -es decir, sin olvidar la mayor difusión de estos diarios de Madrid y Barcelona- el número de quejosos de La Voz de Galicia continúa a distancia sideral. Muchas gracias, y a mandar.