DESPERTAR EN EL PAÍS VASCO

OPINIÓN

11 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Ya estalló el primer lío. La paz de la crisis ha durado 24 horas. Cuando los nuevos ministros empezaban a saborear las dulzuras del cargo, han recibido el aviso de dónde está el auténtico problema: en el País Vasco. Los precios se pueden serenar, como ayer se demostró. La oposición puede asustarse, como indican todos los síntomas. Pero la crisis de Gobierno sólo ocultó dos días la auténtica crisis de este tiempo: la gravísima crisis institucional abierta en el País Vasco. Y así, las primeras palabras de Arenas y Michavila encontraron inmediatas y duras respuestas en Ibarretxe y Balza. Escucharles fue como despertar de un dulce sueño. La conclusión es pesimista: los dos gobiernos se hablan como enemigos. El proceso de autodeterminación parece imparable. Todos entendemos que nadie puede tomar competencias al asalto, como si esto fuera la ley de la selva. Pero hay una frontera sutilísima entre la seriedad de Estado y el exceso verbal. Y el poder central tiende a desconocer esa frontera. Seducido por el aplauso españolista, atraído por el aroma del voto españolista, lanza encendidos discursos que los nacionalismos entienden como provocación. «Nos echan de España», acaba de decir el tremendista Arzallus. Ahora, cuando el nacionalismo se propone romper con el Estado, el Gobierno de la nación sólo tiene una salida: invocar la legalidad y aplicar la Constitución. «Con serenidad y firmeza», dijo Arenas. Pero hay dos formas de hacerlo: con mano tendida o a tortazo limpio. Y demasiadas veces se acude al tortazo. El diálogo se confunde con debilidad, de la misma forma que aspirar a la soberanía se confunde con terrorismo. Y así no hay forma de encontrarse. Todo el mundo, de un lado y de otro, va de reina ofendida por la vida. Ignoro cuál es la mejor solución. Pero sé lo que está pasando: la técnica seguida hasta ahora ni le permitió al PP ganar el Gobierno vasco, ni mejoró el clima social. Y lo peor: cada día que pasa, Euskadi aparece más distante de España. Alguien tendrá que obtener una conclusión.