UNA CRISIS NECESARIA

OPINIÓN

09 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

A ningún presidente le gusta cambiar a sus ministros. A José María Aznar, mucho menos. Y ayer ha tenido que acometer el cambio más amargo, porque tuvo que relevar a personas que estaban en sus puestos por una relación de amistad, fidelidad, o premio de lealtades anteriores. ¿Por qué decidió pasar ese trago? ¿Por qué lo hizo en este momento, en medio de la legislatura y a seis días del debate sobre el estado de la Nación? Y, sobre todo, ¿por qué da la sensación de ceder ante la oposición y las demandas de algunas encuestas? Si Aznar ha hecho crisis de gobierno inmediatamente antes del debate, es para presentarse con equipo nuevo y descolocar a la oposición. Si lo hace en el ecuador de la Legislatura, es para llegar con brío al final de su mandato: está obsesionado con «hacer lo que tiene que hacer». Y si coincide con las presiones externas, no es porque Aznar quiera ceder; es que sigue siendo un pragmático que atiende los impulsos de la opinión pública. En el ambiente había sensación de desgaste, que el Presidente reconoce con la crisis. Estaba empezando a salpicarle a él mismo. El Gobierno sufría la peor imagen de su estancia en el poder: pérdida de iniciativa, descoordinación, tendencia al conflicto, enfrentamientos, insuficiente capacidad de diálogo. Si a este catálogo se añade el riesgo de que esos fallos deterioren el proceso de sucesión, se entenderá por qué Aznar adelantó el calendario y precipitó el reajuste, sin esperar al otoño, como suponían todas las previsiones políticas. Con olfato y osadía, el presidente corrigió el rumbo con un reajuste rápido, planteado y desarrollado en sólo unas horas. ¿Le saldrá bien? Creo que sí. Aznar, de momento, ha demostrado que está vivo. Y que sigue teniendo ganas de mandar, de ganar y de ponérselo fácil a un sucesor que cada día se parece más a Rajoy. Para ello ha compuesto un equipo más resabiado, pero más político, de discurso más atractivo. Creo que ha pretendido que su gobierno deje de ser «ese grupo de antipáticos que hacen decretazos».