Quizás influenciado por la marea conservadora y autoritaria que flota en el ambiente, encontramos el pasado lunes 24 de junio un artículo que firma Manuel Regueiro Tenreiro sobre la Ley de Normalización Lingüística que, a mi modo de ver, le lleva a explicitar con claridad lo que en aras de lo políticamente correcto se ha venido expresando de manera ambigua. Me alegra por tanto comprobar que por fin emergen los verdaderos discursos: que cuando se decía ejercita la defensa del derecho a... , lo que realmente se quería decir era es preciso prohibir el uso de... Esto honra al articulista, pues nos permite saber que, en su opinión, lo único que puede hacer funcionar las leyes son las sanciones que le acompañan. Es decir, que da igual lo que diga la Ley con tal de que existan unos mecanismos sancionadores que la hagan respetar. Es esta una curiosa opinión, que me imagino dejará perplejos tanto a los catedráticos de Derecho Político como a la preocupada ciudadanía. Frente al consenso, el diálogo, la tolerancia, la pluralidad, en suma, la libertad, nos habla el artículo de sanción equiparada a obligación, intolerancia, y unilateralidad. En su tribuna nos dice Regueiro que para conseguir la consideración lingüística es necesaria la elaboración de medidas sancionadoras. Es decir, «¡que tengo un problema!: lo resuelvo con una sanción». Curiosamente, el mismo argumento que ha utilizado estos últimos días Aznar, como solución a un problema que nace de la desesperanza y de la falta de futuro en nuestros pueblos: la inmigración. Se propicia la sanción en los países de origen en vez de implementar medidas de ayuda al desarrollo, iniciativas para favorecer la integración social de quién acude a nuestro país en busca de una oportunidad para vivir con dignidad. ¿Se imaginan que los países que acogieron a millones de nuestros compatriotas que se vieron obligados a emigrar de una España y de una Galicia subdesarrollada reaccionasen de la misma manera? Menos mal que quienes por el tiempo nos aventajan en democracia y tolerancia, pusieron en su sitio a quienes creen que la autoridad sirve para todo.