El presidente de la Xunta acaba de congelar, dejándola sin fecha, la entrevista que tenía concertada con el líder del Partido Socialista. Manuel Fraga debe pensar que no es posible conceder tan alto honor a quien ha tenido la osadía de poner en entredicho la doctrina oficial del Partido Popular sobre el éxito rotundo de la presidencia española de la Unión: un éxito, por lo que se va viendo con pesar, que nadie debería atreverse a discutir. «Son ganas de demostrar la propia ignorancia, incompetencia o mala fe», ha dicho molesto el presidente, que, acto seguido, ha aconsejado a Touriño que mida sus palabras. Y que lea un manual de urbanidad. Esta última recomendación no tiene desperdicio. Sí, sí, no vayan a creerse: tal recomendación constituye todo un símbolo de cómo entiende el presidente las relaciones que en un sistema democrático debe mantener la oposición con el gobierno. Cojamos a voleo un manual de urbanidad. Por ejemplo, la Cartilla Moderna de Urbanidad , editada en Barcelona por F.T.D en 1927, con nihil obstat del censor don Jaime Pons, de la Compañía de Jesús, e imprimatur del obispo. Apenas abierta, se nos explica en ella con todo lujo de detalles, y con unas viñetas alusivas que vistas hoy son una delicia, lo que distingue al niño bien educado y al niño mal educado. Veamos la diferencia entre uno y otro, pero hagámoslo imaginando que se trata, como recomienda el presidente, del político bien educado y del político mal educado. Vamos allá. El niño (político) bien educado «acepta el asiento que le ofrecen; se contenta con lo que le dan; soporta las molestias que le causan; se aparta de las malas ocasiones; es cariñoso y buen compañero; recibe con humildad las repulsas; hace favores siempre que puede; ¡y más tratándose de los hermanitos!». Aunque no resulta fácil, claro está, adivinar quienes podrían ser en opinión del presidente los hermanitos de Touriño, esa es, en todo caso, y según el parecer de Manuel Fraga, la forma en que la oposición debería comportarse. ¿Cómo no debería comportarse? Es sencillo: como se comporta el niño (político) mal educado según nuestra sapientísima Cartilla : el niño mal educado «escoge el asiento que más le gusta; quiere el trozo que más le satisface; habla al oído estando en sociedad; molesta, sin miramiento; ríe de los defectos del prójimo; se enfada si le reprenden; molesta y escandaliza en la calle; y hace cosas muy feas y repugnantes». Aun careciendo por completo de malicia, la lectura de todas esas reglas permite intuir, sin hacer grandes esfuerzos, como le gustaría a Manuel Fraga que se comportase con él la oposición. Intuición que no resulta tampoco difícil derivar de la advertencia hecha a Touriño para que mida sus palabras. Lo malo es que la democracia parlamentaria es cosa bien diferente a un colegio de ursulinas. O a un saloon , en el que el sheriff fuera el presidente.