OPINIONES DISCUTIBLES, QUE NO INFORMACIONES

ARTURO LEZCANO

OPINIÓN

Esto se anima. Afortunadamente los hechos objetivos, cuando afectan directamente, suscitan reacciones encendidas, muy plausibles, siempre, claro está, que puedan generalizarse. Por el contrario, si se trata de problemas de carácter personal o familiar, el razonamiento surge muy condicionado, sin perjuicio de que todos podamos compartirlo -fuera de toda duda- poniéndonos en el lugar del afectado. Estas precisiones nos las dicta únicamente el deseo de hacer comprender a quienes se sienten dolidos, que los periodistas, salvo las excepciones punibles de cualquier profesion, no nos dedicamos a la caza de nadie, ni aun del escándalo por el escándalo. Los tópicos tienen, cierto, algún fundamento, pero no aplicados indiscriminadamente.

29 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Leticia Miguéns Rodríguez, de Vigo, no oculta su natural indignación ante el panorama que amenaza a sus coetáneos, empezando por ella misma. Pero no acierta al buscar ejemplos de que este periódico, La Voz, incurre en lo que ella llamaría «complicidad» ante una situación de indisimulable transcendencia. «Acabo de leer -nos escribe- en la sección El Amigo del Lector que podemos hacer nuestras reclamaciones o quejas sobre informaciones publicadas en el periódico, excepto los artículos de opinión. ¿Lo decís en serio? ¿Es que acaso el coordinador de cada sección no lee y por consiguiente no juzga lo que otros escriben pero sí admite publicar?». «Discurso muy a la derecha» «¿Es que no tienen responsabilidad sobre lo que la ''supuesta Voz de Galicia'' publica? Porque yo no oigo -continúa, incisiva- en esas letras ninguna voz gallega sino que escucho un discurso gris, neutral y muy a la derecha. Frases como ''... nada parece tan frívolo como una huelga general...'', de Xosé Luis Barreiro Rivas, o «...PSOE e IU buscan aprovecharse de la situación y beneficiarse del clima contra el Gobierno. Esperan conseguir algún voto más», firmado por F. Onega. Publicáis un artículo de Manuel Regueiro Tenreiro que no dice nada, ni una cosa ni otra, como si os costase rellenar esta sección y necesitáseis cumplimentarla con palabras que cuestan entenderse por el poco sentimiento que demuestran, al igual que se leen los ingredientes de los champús (...). 4 a 1 (...) Únicamente echáis un cabo a la clase obrera con el artículo de Ramón Baltar: esto significa 4 a 1, por lo que no se puede decir que no os hagáis responsables de lo que escriben otros porque demostráis que no sois neutrales (...)». Leticia, en su arremetida, prueba que La Voz de Galicia, como casi todos los diarios, hace muy bien en no solidarizarse con las opiniones de sus colaboradores. Son sólo suyas. Por eso esta lectora sin tapujos debería dirigirse a Barreiro, Onega, Regueiro, etc. y no a este diario, del cual, por cierto, no censura información alguna respecto de la huelga. Por otra parte se limita a referirse a cinco artículos, cuando en fechas anteriores y posteriores al 20-J hubo bastantes más, en la sección de Opinión y fuera de ella, de signo contrapuesto. Sin embargo Leticia Miguéns Rodríguez protesta con razón de lo que le pasa -a ella y a muchos más-: «(...) joven, 26 años recién cumplidos, licenciada en Ciencias Químicas, CAP, cursos de informática, otros cursos... 8 meses en el paro (...) ¿Qué hace el Gobierno con este Real decreto (...) En un futuro no muy lejano, mandarme ofertas de hostelería y servicios; sí, ofertas muy acordes con mi perfil, y con la única finalidad de sacarme de la lista de desempleados (...) y una vez que aparezca en mi curriculum que he cotizado por ese trabajo me seguirán llamando para ese tipo de empleos (...) hasta que pierdas una larga lista de cosas que esos autores a los que les dais la palabra obvian porque les resulta muy lejano o porque no tienen hijos o porque sus hijos ya han hecho un máster en no sé qué, con el consiguiente pago de dinero y el siguiente enchufismo, o así la mayoría». Lo dicho, Leticia: ni todos los columnistas de La Voz se han posicionado contra la huelga ni, mucho menos, La Voz. Además de esta comunicación recibimos otra que prolonga un caso comentado aquí la semana pasada: la vista por presunta agresión sexual contra Alfonso Longhi Álvarez, supuestamente perpetrado en una casa rural de Cedeira (A Coruña). Su hermano se quejaba, y se queja, de que La Voz hubiese «criminalizado» a una persona a quien considera incapaz de nada semejante. El juez también lo consideró así, pero este diario no tomó partido. Un incidente Se da la circunstancia, además, de que el redactor encargado de Tribunales en la Redacción de Ferrol no conoce en absoluto a los hermanos Longhi, residentes en A Coruña, como tampoco nuestra fotógrafa, Patricia Rey, quien, por cierto, tuvo un incidente con Alfonso Longhi cuando, en el ejercicio de su labor profesional, pretendía hacerle una instantánea en el vestíbulo del Juzgado de lo Penal ferrolano, no en la sala de vistas. Finalmente, La Voz de Galicia no utiliza nunca iniciales en casos de acusación pública si los imputados no son menores.