EL AMOR EN LA VEJEZ

OPINIÓN

28 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Las políticas de normalización lingüística, basadas en una discriminación positiva y fuertemente subvencionada de la lengua minoritaria, tienen este problema: que la gente deja de ser crítica con lo que se dice, con la calidad literaria de lo escrito y con los objetivos a los que se sirve, para centrar todas sus preocupaciones en el idioma en que se escribe, o para convertir determinados debates menores, de índole filológica, en cuestiones trascendentes. El resultado, visto desde la independencia que da el tener saldadas todas las cuentas, resulta desolador. Y alguien tendrá que decir que una lengua no gana nada a base de editar bodrios ilegibles en cantidades industriales, o de ser el último refugio de los manuscritos literarios o de apariencia científica que no han encontrado acogida en ninguna red comercial, y que no es ningún tinte de gloria tener las casas llenas de libros que nunca hemos leído ni le vamos a recomendar a nuestros hijos, mientras resulta casi milagroso encontrar un gallego que tenga en sus anaqueles a Valle Inclán, Fernández Flórez, la Pardo Bazán o Julio Camba. Entre los cientos de cartas que recibo de mis lectores, una parte muy sustancial está destinada a preguntarme por qué no escribo en gallego, mientras sólo una minoría se dedica a comparar la Galicia que late en mis artículos con la que alienta en muchos colegas que escriben en gallego, como si las formas fuesen más importantes que el fondo, o como si Galicia no fuese más que lengua y literatura. Por eso no me extraña que le haya tocado el turno a Castelao, y que, mientras presumimos de traducir al gallego todo lo que nos parece importante, o aplicamos la traducción a idiomas extranjeros como un criterio de calidad, ponemos el grito en el cielo cuando, como consecuencia de un éxito teatral que comparten Castelao y Alonso Montero, nos llega a Santiago Los viejos no deben enamorarse . Y, en vez de acercarnos por curiosidad y orgullo a nuestra cultura vista desde fuera y con otros ojos, proclamamos la necesidad de ir a la plaza pública, rasgarnos las vestiduras, y echarnos borralla en la cabeza. Por eso quiero que sepan que a mi no me parece mal que se traduzca a Castelao -¡supongo que en esto no habrá disidencias!-, ni que se exponga a nuestro juicio el resultado de un esfuerzo benéfico y necesario. Porque gracias a la traducción gané la distancia necesaria para entrar críticamente en el fondo de la cuestión: ¿es bueno que se enamoren los viejos?. Un nacionalista radical pensaría que no, aunque sólo sea por no disgustar a Castelao. Yo, en cambio, pienso que hay que modernizarse, y que una buena traducción del título -¡muy libre, por supuesto!- sería esta: Los viejos pueden enamorarse cuando les dé la gana, pero no deben reproducir en su vejez los modos y maneras de su temprana y fogosa juventud . Sería largo, ya lo sé, pero tendría una miga sustanciosa al alcance de los castellanos.