Podríamos decir que se trata de una palabra nueva para un concepto viejo. Es el nombre que recientemente ha comenzado a utilizarse en España, probablemente por influencia del mundo anglosajón, para designar a la enfermedad causada por el Bacillus antracis , y que se conoce en castellano con el nombre de carbunco, debido al color carbón de las pústulas que aparecen. Esta enfermedad infecciosa afecta sobre todo a los rumiantes, y de ellos puede pasar al ser humano. En la mayoría de los casos se manifiesta en la piel, pero existen infecciones mucho más peligrosas que pueden afectar a los pulmones, el intestino y el sistema nervioso central y así resultar mortales. El agente causante es un bacilo, un microorganismo en forma de salchicha que se reproduce formando esporas, y que es famoso en la historia de la medicina por haber sido el primer germen infeccioso reconocido por Pasteur. La enfermedad puede contraerse si esos bacilos o sus esporas penetran en nuestro organismo a través de una lesión de la piel, o bien por vía pulmonar o digestiva. Las esporas son capaces de resistir decenios conservando su capacidad infecciosa. Es sensible a la penicilina y a otros antibióticos. Existe una vacuna contra esta enfermedad que a veces se aplica a poblaciones o individuos con riesgo por su contacto con animales infectados. La presunta utilización del bacilo o las esporas de ántrax en actividades terroristas ha iniciado una cierta situación de pánico, especialmente en los Estados Unidos. El envío de cartas conteniendo un polvo blanco hizo temer una psicosis internacional, aunque en muchos casos se trataba de bromas de pésimo gusto. Para enviar preguntas: que.es@lavoz.es