QUE COMAN PASTELES

OPINIÓN

22 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Amartya Sen, premio Nobel de economía, considera que la pobreza es «una disminución general de posibilidades» mientras que el filósofo José Antonio Marina define a la riqueza como «todo aquello que desarrolla, amplía, potencia nuestras posibilidades vitales: el dinero, la educación, la valentía, los afectos, las relaciones personales. Pobre es quien carece de alguna de estas cosas». Si los tomamos al pie de la letra coincidiremos en que el mapa de la pobreza se extiende como mancha de aceite allende el exiguo primer mundo. Pese a la evidencia, el vigente pensamiento neoliberal considera trasnochados conceptos como la solidaridad o la idea igualitaria de que la riqueza debe redistribuirse y no servir sólo a quien la posee. Cada día los nuevos profetas de la modernidad claman desde las tribunas mediáticas y tachan de pesados e inoportunos a los abuelitos Cebolleta que propugnan un mundo más justo. El Gobierno español es el paradigma de este estilo desenfadado y prepotente. Mira al resto del mundo desde la suficiencia y dedica a la ayuda oficial a los países menos desarrollados el 0,22% del producto nacional bruto, con lo que sitúa a España en el puesto 19 de los 22 países considerados por el informe cuatrienal del Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE, donde también se recoge que desde 1998 el Gobierno español no sólo no incrementa estas ayudas sino que las hace decrecer. Visto lo visto y por lo que a España respecta, los habitantes de los países más pobres tienen garantizado el derecho a morir en función de una amplia gama de opciones que pasan desde la inanición o el sida en sus lugares de origen hasta la patera o la arena de la tierra prometida a la que no estamos dispuestos a dejarles llegar. Como María Antonieta, José María Aznar hace oídos sordos ante el clamor de los parias de la tierra a los que también parece decir con su actuación aquello de que, a falta de pan, buenos son pasteles.