Es muy americano. Lo de un mundo sin grises. Sólo blanco y negro, buenos y malos. Muy del Oeste, el séptimo de caballería y los pieles rojas. Ese infantilismo crónico es normal en un país cuyo máximo filósofo es el ratón Mickey. Un sitio en lo que lo más importante que les ha sucedido últimamente, tragedia del 11-S aparte, es la victoria de Los Ángeles Lakers sobre Sacramento. Hablo de los millones de norteamericanos que creen que España es una provincia de México. Hay otros que sí están comprometidos y que critican la política imperial de su país. Es obvio que el terrorismo causa terror y debe ser perseguido. Pero el presidente Bush no puede actuar como un sheriff del Oeste y decretar la indiscriminada caza del hombre. ¿De qué hombre? Ya han pillado a Padilla. ¿Les faltarán Bravo y Maldonado? Me da miedo eso de recortar las libertades individuales en aras del bien general. ¿Qué es el bien general? A mí lo de general siempre me suena a guerra, a señor con gorra que manda a tiros y después pregunta. Primero fue lo del cartel de «wanted» (Se busca) que nos remontaba a tiempos peores, al macabro baile de la horca. Ahora, la caza del hombre. Terror contra terror.