MUNDIALISMOS

FRANCISCO RÍOS (hablar.bien@lavoz.es)

OPINIÓN

Un par de crónicas radiofónicas sobre la marcha del Campeonato Mundial de Fútbol revelan que en cuatro años no se han rectificado algunos de los usos menos afortunados del periodismo deportivo que se pusieron de manifiesto durante la competición que se celebró en Francia en 1998. Al contrario, parece que se consolidan entre los enviados especiales a Corea y Japón. Y ello, a pesar de las reconvenciones y recomendaciones hechas tras aquel Mundial. Las peores consecuencias son las dificultades que se crean para la comprensión de lo que se relata. Porque si entrenar es adiestrar a personas en la práctica de un deporte, el que oye que «el equipo de McCarthy entrenó ayer» se pregunta a quién, pues hasta ese momento se creía que era McCarthy quien entrenaba a la selección irlandesa, que se limitaba a entrenarse, sin pretensiones de arrebatarle a aquél su puesto de trabajo. Otro verbo mundialista perdió su uso como pronominal cuando Italia, que pretendía clasificarse, fue un paso más allá y clasificó . Claro que a esas alturas nada extrañaba ya lo que hiciesen los jugadores italianos, pues durante el partido frente a México especularon con los resultados, en palabras de un experto de un diario catalán. De vuelta a los intereses españoles, un cronista de televisión anuncia que ha llegado el momento de fajarse (irse a las manos, pelearse) con Irlanda en un cuerpo a cuerpo. Refiriéndose a este rival de España, y no a la victoria, añade que es asequible, es decir, que se puede conseguir o alcanzar. ¿Estará pensando el señor Villar en comprarlo?