10 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.
Vive en el centro de ese mundo brillante que fascina al papel cuché. Era (es) un joven triunfador, un padre ilusionado con sus críos, un dandy con don de gentes. Llega el estrépito de una enfermedad y el castillo se resquebraja. Jaime de Marichalar es ahora un ser humano de mirada herida. Un apunte conmovedor de nuestra tremenda fragilidad.