DIÁLOGOS DE SORDOS

J. J. MORALEJO

OPINIÓN

03 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

El País Vasco tiene un grave deficit de convivencia que, de momento, ronda ya los mil muertos y, a reserva de lo que ocurra en Irlanda del Norte, es el único país europeo en el que, para vergüenza de toda su mayoría social, la oposición democrática necesita escolta porque no es democrática esa mayoría social que activa, o rentabiliza el terrorismo, o lo traga resignada a que les sea solamente un trámite enojoso en el viaje a Jauja. El actual Gobierno español no lleva muchas trazas de acertar en soluciones e incluso echa más callo sobre el callo crónico porque no tiene correa o cintura y, sobre todo, porque no le cabe la menor duda. Su oposición frontal y justa al terrorismo y a la violencia está lastrada por su rigidez nacionalista para entender que se pueda hablar de autodeterminación, incluyendo que el hablar tenga sus consecuencias pacíficas y democráticas en cambiar rumbos y mapas que no son ni de necesidad metafísica ni de derecho divino. Aznar, su Gobierno y su partido (y también buena parte de la oposición) pecan políticamente de lo mismo que acusan al oponente: rigidez nacionalista y su rollo patatero de tener por sagradas, intocables, inaplazables... tales o cuales patrias unidas, o patrias autodeterminadas, sea como sea y caiga quien caiga; de momento vamos por el millar y todo lo que se gasta en escoltas y funerales, además de que gentes del Estado hayan creído que la chapuza y la tropelía iban a pasar por justas, si resultaban eficaces. En esta crispación de sordos sería milagro antihistórico que el clero católico diera más de cal que de arena. Por ejemplo, la de cal con una pastoral y un buen puñado de sermones tajantes en cuanto a que no hay nada que autorice o disculpe el asesinato. Tampoco hubiera estado mal que el clero del País Vasco hubiese hecho más hincapié en la piedra angular de amaros los unos a los otros . Si las actitudes de todo o parte del clero vasco hubieran sido más humanas a secas y también más cristianas, tal vez la violencia terrorista tendría en sus listas a alguien del único sector social y profesional significativo al que hasta ahora no le ha afectado ni la pedrea. A buena parte del clero vasco le ha faltado ser pastor de toda, toda, toda su comunidad y le ha sobrado andarse por las ramas de trincheras excluyentes, con teologías cutres sobre una Encarnación que acaba teniendo más de Encarnización. Y en la grada del diálogo de sordos estamos millones de individuos que preferiríamos vivir sin tabarras de esencias, de mayúsculas inderogables y, menos todavía, de violencias. Vivir una sola vez, e incluso perder la vida, con un rollo patatero de patrias no tiene sentido. Hazme caso, chaval, siéntete prójimo, con minúscula, y no enredes de Pueblo, con mayúscula.