Un análisis, que yo comparto, señala que los dos grandes protagonistas del intenso ciclo expansivo de la economía española de 1996 a 2001 fueron el Banco Central Europeo y... los sindicatos. Los bajos tipos de interés, la moderación salarial y el clima de estabilidad laboral fueron las condiciones precisas para impulsar la inversión productiva, los beneficios de las empresas, la creación de empleo y el crecimiento económico que se dio en España en los últimos 5 años. En la 1ª legislatura el Partido Popular, forzado por no tener mayoría absoluta y necesitado de unir la legitimación social a la electoral, alcanzó amplios acuerdos con los sindicatos. A partir de la 2ª, y montado ya en la prepotencia de la mayoría absoluta, el Gobierno hace saltar por los aires este modelo y se instala en la imposición y el desprecio por el diálogo social. No estamos por lo tanto ante un desacuerdo puntual sobre la protección al desempleo. La reforma laboral del 2001 o el intento de imponer la reforma de la negociación colectiva son ejemplos de este nuevo estilo de gobernar. Se rompe el dialogo porque el ala más dura del Gobierno considera la negociación una pérdida de tiempo y que el papel de los agentes sociales se limita a decir «sí señor» a sus decisiones. Más aun, liberado de la necesidad del consenso social, el PP aplica lo que se denominó el programa oculto , que supone importantes ataques a nuestro ya débil estado del bienestar. Desde la perspectiva de la eficiencia económica y del clima social, el cambio es incomprensible. La ruptura del diálogo social va a generar una mayor conflictividad laboral en un momento de cambio negativo en la coyuntura económica. Por ello aparece como única explicación que el PP piensa que la política de mano dura le va a dar réditos electorales en un segmento de la población. Y eso es una grave irresponsabilidad porque coloca mezquinos intereses de partido por encima de los intereses del país.