Así se gobierna. Así se dirige un país. Así se demuestra el carisma de un gran líder. Con carácter. Sin que le tiemble la mano. Sorprendiendo. Convencido de que le asiste la razón. De que sólo él es capaz de dejar las cosas claras. Muy acorde con su estilo. El Real Decreto Ley sobre la reforma de prestaciones de desempleo, aprobado ayer por sorpresa por el Gobierno español, lejos de ser interpretado como un desafío a sindicatos y trabajadores, hay que entenderlo como un rasgo de la personalidad del presidente Aznar. Un acto de poder ante quienes pretenden que el país entre en una fase de desmadre. No dejó transcurrir ni 24 horas desde que las centrales formalizaron la convocatoria de una huelga general, para sorprendernos a todos con un decreto que pone las cosas en su sitio y denota un estilo de gobierno. Una forma de entender las discrepancias. Los sindicatos, que han mostrado una actitud de tozudez a lo largo de las escasas negociaciones con el Gobierno, sabrán a partir de ahora con quién se la juegan. Con un presidente que no está dispuesto a que no se entre en razones. La aplicación del decretazo tiene unas ventajas insospechadas. Y Aznar las conoce. Es la forma ideal para solucionar controversias. Se firma, entra en vigor y se acabó la discusión. Resulta ilusionante pensar la cantidad de problemas que pueden solucionarse con este método. En cuestión de minutos se acabaría con los incendios forestales, terremotos, la caída de la natalidad y hasta con los cojitrancos. Alguien dijo que la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos en todas partes, diagnosticarlos de manera equivocada y aplicarles remedios inadecuados. Lo de encontrar problemas Aznar lo sabe bien porque dispone de un arte especial para encender fuegos. Lo de aplicarle remedios inadecuados, no. Porque en este país, los problemas se resuelven, al igual que el Plan Hidrológico, con la razón que imponen los cacahuetes, que diría don Camilo, de nuestro señor presidente.