MAYOR OREJA

ANXO GUERREIRO

OPINIÓN

22 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Pasado el ecuador de la actual legislatura todavía es una incógnita quién sucederá a Aznar al frente del Partido Popular. Desconozco absolutamente cuáles son los planes de futuro del actual presidente del Gobierno, y cómo se articularán y expresarán los diferentes intereses personales y corporativos que conviven en el PP, factores decisivos a la hora de elegir sucesor. Pese a ello creo, y temo, que el relevo de Aznar en el Partido Popular, y por lo tanto el candidato de la derecha a la Presidencia del Gobierno, será Jaime Mayor Oreja. Este pronóstico no se deduce de las encuestas, favorables al ex ministro de Interior, ni es consecuencia de las horas bajas que vive alguno de sus competidores. Mi convicción, y mi temor, tiene relación con el importante papel jugado por Mayor Oreja en la definición de la política del Gobierno, al ser el artífice e impulsor de las líneas de fuerza que configuran el actual proyecto del Partido Popular. Al dúo Aznar-Mayor debemos la tesis según la cual la derrota de ETA es inseparable de la derrota de todo el nacionalismo, estableciendo una peligrosa relación mecánica entre terrorismo y nacionalismo. Conscientes de la lógica indignación que los crímenes de ETA producen en la ciudadanía, pretenden establecer un inaceptable principio, según el cual cualquier crítica al Gobierno, en esta materia, favorece la acción terrorista. Toda discrepancia con la política antiterrorista del Gobierno o con su concepción de España es presentada como una debilidad y una claudicación, con el único fin de subordinar al resto de las fuerzas democráticas a la estrategia política y electoral del PP. Objetivo que, en no pocas ocasiones, han conseguido. También a la pareja Aznar-Mayor corresponde la paternidad de la actual política de inmigración. Es durante el mandato de Mayor Oreja cuando se rompe el consenso sobre inmigración y se produce la policialización del fenómeno migratorio, al traspasar todo el protagonismo del Ministerio de Trabajo al de Interior. Simultáneamente el Gobierno, con Mayor Oreja a la cabeza, desplegó una intensa campaña de estigmatización de la inmigración, a la que convirtió en sinónimo de ilegalidad, miseria, conflictividad y delincuencia. Esta imagen, que quedó grabada en el disco duro de nuestra sociedad, ha conseguido paralizar a las fuerzas políticas de izquierda, que no se atreven a salir del marco conceptual establecido por el Partido Popular, por miedo a los costes electorales que tal actitud pudiera conllevar. Esta política que representa una seria distorsión de la convivencia y los valores democráticos, pero que reporta pingües réditos electorales al PP, será la base de su oferta en las próximas confrontaciones electorales. Máxime cuando la economía empieza a perder gas y amenaza con dejar al partido del Gobierno sin argumentos electorales. ¿Quién mejor, para defender y representar una estrategia política, que uno de sus más reconocidos artífices, sobre todo cuando éste cuenta con una aceptable valoración pública? Salvo que Aznar tenga intereses personales que lo impidan, la izquierda debe prepararse para librar una dura batalla con Mayor Oreja y su proyecto reaccionario e involucionista.