AY, BIN LADEN DE MI VIDA

BLANCA RIESTRA

OPINIÓN

21 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

¿Qué ha sido de Bin Laden? El personaje tiene trazas de convertirse en un fenómeno popular. El otro día en el teatro Arlequín, Capullo de Jerez se fue por bulerías en su honor. Decía: «Ay Bin Laden de mi vida, por dónde te has metido, que te buscan y no te encuentraaaain...». Las niñas de mi calle siguen saltando a la comba incansablemente pero también juegan a un juego nuevo de Bin Laden que es una mezcla de Mónaco declara la guerra... y el Lobo clásico. Se anuncian nuevos atentados en Estados Unidos y yo no doy crédito. Bush es un impresentable y espero que lo echen a bofetadas. Es algo así como un especialista en matar moscas a cañonazos y además sin dar una. Resulta que han destruido un país (Afganistán, ya nadie se acuerda, la información es perecedera y aquí estamos todos pensando en Eurovisión y en Rosa) y matado a miles de personas para nada. El listo de Bin Laden debe de estar en Miami tomándose un daikiri con Gloria Stefan, en las narices de la CIA. La verdad, ya sé que está muy mal visto decir estas cosas, pero los americanos (el Gobierno americano, se entiende) se lo merecen. El resto del mundo les importa un bledo y cuidan a Sharon, que es un delincuente de guerra, como a la niña de sus ojos. Que venga Isaac Rabin y lo vea. En el último Semanal, el filósofo Emilio Lledó afirma: «El gran mal de nuestro tiempo no es el terrorismo sino la miseria». Ese hombre tienen más razón que un santo. Pero debe ser el único porque aquí nadie abre la boca, nos tienen anestesiados con el fútbol. Combatir el terrorismo sin combatir sus causas ulteriores es una papanatada. Pero, señores míos, el mundo lo gobiernan papanatas. ¿Por qué nadie ha dicho ni pío sobre la (un tanto provocadora) banderita roja y gualda de un kilómetro cuadrado de superficie que adorna desde hace un par de meses la plaza de Colón de Madrid? ¿Nostalgias del antiguo régimen? ¿Hacia dónde vamos? La actualidad me tiene mala. Es como un carrusel sin pies ni cabeza en el cual todo, hasta lo más trágico, se frivoliza y se aligera hasta la saciedad. Estamos ávidos de novedad, los genocidios son vox populi y desayunamos mojando nuestros churros en las guerras. Con un panorama semejante una no tiene más remedio que volverse fatalista. «Todo cambia para que nada cambie», como quien dice, estamos ante una ficción de movimiento, ante un frenesí artificial e inútil. Yo no sé hacia donde vamos. Después hay pequeñas cosas que son como atisbos de esperanza, emisoras piratas que emiten a Bola de Nieve, peruanos que cuidan a viejitos en los parques, niños que no sueñan con comprarse un Mercedes sino que quieren ser cantautores, historias de amor entre retrasados que se besan en los buses y esos pájaros enloquecidos por la primavera que alborotan mi balcón. Quizás nos salve la intrahistoria, porque la historia es un desastre de mil demonios.