INGREDIENTE POLÍTICO

OPINIÓN

20 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Todo el mundo se tendrá que «confesar» ante la huelga general. Y más que nadie, el Partido Socialista. Primero, porque se lo exigirán sus votantes. Segundo, porque será la pregunta más frecuente que los periodistas haremos a sus líderes, aunque estén hablando de primarias. Tercero, porque el Gobierno le acusará de impulsar la protesta, como acaba de hacer Javier Arenas: «Es una huelga alentada y promovida por el PSOE». Y cuarto, porque los medios informativos mejor sintonizados con el Gobierno empiezan a hablar de huelga política o huelga de la izquierda , en una acción de imagen para apartar de la protesta a las «buenas gentes de derechas», como antes se decía. Ante ello, el PSOE tiene difícil respuesta. Si se suma a la convocatoria de huelga, tendrá que explicar cómo un partido de gobierno se apunta a una acción tan radical. Si no se suma, se enfadarán los sindicatos y la parte roja de su militancia. Lo más claro es que el PSOE desea, tiene que desear, que la huelga sea un éxito sindical. Ya que no han podido desgastar a Aznar haciendo oposición, que al menos lo desgasten los sindicatos. Pero eso tampoco lo pueden confesar, porque sería casi como desear a la mujer de tu prójimo. Sería un deseo íntimo, lascivo, pecador. Por tanto, lo tienen que disfrazar de comprensión a los sindicatos y a sus quejas por el malestar social. Y así, deberíamos prepararnos para asistir a un espectáculo de evasivas, apoyos distantes y falsos lamentos por el hecho de que los trabajadores tengan que llegar a ese extremo. Sería la primera gran representación teatral de Zapatero; su primer examen de actor. Un salto cualitativo Todo esto era válido hasta ayer. Pero ayer los consejeros de las autonomías donde gobierna el PSOE dieron un salto cualitativo: abandonaron la reunión convocada en el Ministerio de Trabajo. A partir de este gesto, Rodríguez Zapatero ya no puede disimular más: su partido ha optado por la posición sindical. Y lo ha hecho situando al Gobierno en una posición de intransigencia. Es legítimo. Quizá esté en su papel. Pero también ha dado la razón a la prensa más próxima al PP: desde ayer, la huelga general ha comenzado a ser política.