¿Qué hicimos ayer los gallegos? Por propia confesión sabemos que los galleguistas divinos ¿escritores, intelectuales y artistas¿ celebraron las Letras Galegas leyendo a Sarmiento, renunciando de forma consciente al pretérito perfecto, y, en plan finura importada, regalando rosas y libros a sus glamurosas amistades. Pero esos no pasan de ser el 0,01% de los hijos de Breogán, por lo que es de sumo interés saber qué hicimos ayer el 99,99% restante. Y para eso hay que empezar por la casta de funcionarios, políticos, académicos, profesores, consejeros y demás parafernalia oficialista. Porque en este tipo de instituciones ni se cumple la ley ni se establecen descuentos, y todos tienen muy claro que las Letras Galegas hay que celebrarlas en día laborable, robándole el tiempo al trabajo ordinario y haciéndole cuchufletas al festivo de la Xunta. Y eso quiere decir que el día de ayer lo hemos pasado tumbados a la bartola, o paseando, sin regalar libros ni flores y sin leer a Sarmiento, porque ya nos habíamos tomado la precaución de aplacar nuestra conciencia patriótica de víspera, en horas laborables y a costa del contribuyente. ¿Y los demás? Pues ya se sabe. Los agricultores trabajaron y ordeñaron las vacas como todos los días, hablando el gallego que tienen por costumbre. Los obreros del metal, albañiles, barrenderos, mecánicos y camareros, tuvieron vacación, o turno festivo recuperable, y, aunque hablaron gallego, como todos los días, pasaron de Sarmiento y del pretérito perfecto, y de regalar rosas y libros a sus colegas. Los profesionales, rentistas y urbanitas en general notaron algo raro en la primera página de su periódico, y hasta se sintieron obligados a saludar en gallego ¿«¡bo día!»¿ al camarero de la esquina, aunque luego dieron preferencia al suspense de La verdad de Laura , en castellano, sobre el galleguismo de Fray Martín Sarmiento. Así pues, ¿qué sentido tiene festejar nuestras letras en un día en que cierran las escuelas y se paralizan las empresas e instituciones? ¿Para qué sirve este festivo que Fraga nos regala a costa de San Pedro? Pues vale para que los periodistas hagamos la excepción anual que confirma la regla, para que algún cura despistado celebre su misa en gallego, para que algunos libreros concienciados abran su tienda y vendan ese ejemplar que el galleguista divino le regala a sus sofisticadas amistades, y para que algunos investigadores publiquen una tesis doctoral que ya empezaba a estorbar en sus bibliotecas atiborradas de libros editados ¿y regalados¿ por las instituciones. Y también pudo valer, ¿por qué no?, para que algún gallego de buena fe se haya enterado de quién fue y qué representa el bueno de Fray Martín Sarmiento. Pero no se preocupen. Pasó el día y pasó la romería. Los colegios, la Universidad y la Xunta abren de nuevo el lunes, y todo volverá a ser como siempre. O sea, de pena.