17 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Les asiste la razón. Los obispos españoles acaban de acusar a los medios de comunicación de «atentar contra el buen nombre y la reputación de la Iglesia». De vez en cuando, los obispos nos sorprenden con un varapalo. Antes arremetieron contra el aborto, las parejas de hecho, la píldora anticonceptiva, los homosexuales, la eutanasia y hasta contra Internet. Y alguno próximo, contra el PSOE. Los obispos creen que los medios atacamos los sentimientos de los católicos. Y, sin hacer caso de sus críticas, hemos vuelto a la carga. Como testarudos. Informando de que el prelado de Bilbao depositó 1,33 millones de euros en las cuentas secretas del BBVA, en el paraíso fiscal de Jersey. No iba a hacerlo en el Purgatorio. Los medios somos de una irresponsabilidad repugnante y delictiva. Precisamente, ahora que estamos en plena campaña de declaración de la renta, donde se nos ofrece la oportunidad de financiar nuestra fe; ahora que ya casi se habían olvidado las rentables inversiones del ecónomo de Valladolid en Gescartera, vamos y atacamos los sentimientos morales y religiosos de los católicos con la ocultación de los ahorros de otro Obispado. Cuando sólo buscaba hacer una «mejor gestión administrativa». Los obispos se sienten maltratados por la prensa. Como Gómez de Liaño, Jesús Gil y Carmina Ordóñez. Todos tienen motivos para lamentarse. Hay que aceptar que lo que la Iglesia desea no es más que rentabilizar sus inversiones. ¿O alguien pretende que las dedique a otros fines más solidarios? Eso sería una quimera. ¿Acaso ella se interesa por dónde nos gastamos los euros los periodistas? No deben de cuidar los obispos los lugares en los que ocultar sus capitales. Es la prensa la que debe de cuidar sus informaciones. Y ser más comprensiva. Menos escandalosa. Más responsable. Porque lo que desconocemos quiénes estamos en este oficio es que uno de los fines últimos de la Iglesia ha sido siempre el de hallar el paraíso. Un paraíso fiscal. En Jersey.