COUSAS DO DEMO

OPINIÓN

15 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Este es el annus horribilis de la Iglesia en España y gran parte del mundo. Existen pocas vocaciones religiosas, porque corren malos tiempos para los hábitos, Y encima, Satanás se está poniendo las botas. Lleva una temporada gloriosa, si tal calificativo se puede aplicar al señor de las tinieblas. Tiene obnubilado a Bush, y le hace buscarlo con tanques y aviones por todo el imperio del mal , que últimamente viene a caer por la zona del petróleo. Y Satán, no conforme con eso, se está creciendo y cosechando éxitos sin precedentes en el mester de clerecía. Tienta a curas y obispos con las seducciones del mundo y la carne, y les hace pecar. Y algo muchísimo peor: el muy malvado consigue que los fieles conozcamos esas debilidades. Todo, para provocar el escándalo, que es la gran especialidad de Lucifer. Sólo desde la tesis de una conspiración del Malvado se puede entender lo que está ocurriendo en este año de desgracia de 2002. Empezamos con un cura homosexual, que hizo que se oyera desde Huelva hasta Mosteiro: «Ay, ay, ay, que tenemos cura gay». Seguimos por otro cura, que hizo surgir al demonio de las entrañas de las nuevas tecnologías, que le sirvieron una novia en Perú. Un tercero fue víctima de la sociedad de la información, y su compañero de cama y sotana grababa en vídeo sus ansias y hazañas amorosas. Y ahora, la actualidad nos sirve los casos de sacerdotes y otras jerarquías denunciados por abuso sexual, lo cual mete a los servidores de Dios en el pecado más innoble. Y, por último, el obispado de Bilbao es pillado en algo hasta ahora reservado a ricos, especuladores y otras gentes de corbata: tenía dineros de la diócesis en un paraíso tan terrenal, que servía para esconder impuestos. Está claro que é o demo , que dirían en mi pueblo. El demonio produce estas informaciones en el instante menos oportuno; en el momento que más daño puede hacer: cuando el contribuyente se dispone a decidir si dedica una parte de su dinero a financiar a la Iglesia. Lucifer se las gasta así. Quiere arruinar la religión. No se conforma con que los creyentes recordemos aquella frase del Evangelio: «¡Ay de aquel que escandalizare...!».