A LA BUSCA DEL ENEMIGO PERDIDO

PEDRO ARIAS VEIRA

OPINIÓN

11 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

El BNG tiene un problema: no encuentra enemigo, un verdadero malo reconocible, sin matices atenuantes. Las amenazas del pasado carecían de tirón. Eso del colonialismo interior, la dependencia estructural, la autodeterminación y el comunismo a largo plazo, gustaba a los militantes, pero no llegaba a las masas. De ahí el calvario electoral del primer BNG. Tuvo su momento de esperanza en el 81, pero la intransigencia lo devolvió al desierto. Se recurrió a Beiras en el 85 en un giro hacia la baza de la imagen, el pedigrí y la distinción. Pero Beiras sólo sacó su escaño, lejos de los tres anteriores. Tampoco despegaba en las municipales del 87. Y en esto llegó don Manuel. Al fin un enemigo concreto, excesivo y retro, un patriota españolista, todo un regalo. Y aun encima del propio país. Pues como enseñara Leoncio Miguel, «ningún enemigo mejor que el propio vecino». Ocurría a finales del 89. Había caído el Muro de Berlín, llegaba el final del comunismo, pero para el BNG significó el Principio de la Historia... Beiras sacó el zapato en el Parlamento como hiciera Jruschov en la ONU en plena guerra fría. El BNG subió más que nunca, la fórmula funcionaba. Galicia, siempre a contracorriente. Y en esto llegó Bin Laden. Ese sí que era un malo de verdad, el peligro mayor. A su lado don Manuel se convertía en un tierno abuelo de Vilalba. Pero el 11 de septiembre cruzaba afinidades y odios extraños. Bin Laden era antiamericano y tercermundista, como los fantasmas del nacionalismo radical. Los bloqueros no habían llegado al terrorismo, pero algunos le encontraban justificación. No así los electores urbanos. Por vez primera el BNG perdió votantes. Algo sonado había que hacer para desmarcarse radicalmente del pasado. Rehabilitar simbólicamente a Fraga era la gran la señal. Pero, ¿qué más? De momento nada, capear el temporal, mentalizar a la militancia de que toca esperar y congelar aspiraciones. Para eso hicieron un congreso con una dirección pactada entre las élites de las tendencias. Siguiendo a Lampedusa, se renovaba algo para que todo siguiera igual. Pero los jóvenes impacientes se sintieron frustrados. Organizaron una corriente a base de correo electrónico que capitaneó Roberto Mera. Los internautas del BNG rompieron las previsiones al superar la cuarta parte de los cargos del Consello. Y su líder brilló como la única estrella de la asamblea. Beiras quedó como un dirigente acomodaticio que además había defraudado a su gente. Paco Rodríguez seguía de malo mayoritario, de jefe del aparato de los currantes. Los viejos líderes se habían convertido en los adversarios de la renovación. Cambiaron las tornas. El enemigo estaba dentro y en la cumbre. Con su olfato dramático, Beiras entendió que había que polarizar el desgaste y lo desplazó a Paco Rodríguez. Pero la cosa no funcionará. El dirigente UPG no es enemigo válido. Apenas se le conoce y además comparte cartel electoral. Hay que encontrar un nuevo enemigo político que cumpla la vieja función de don Manuel. Un Le Pen a la gallega cumpliría los requisitos, pero aquí no abundan los maniqueos útiles. La tarea es muy difícil, Galicia está llena de gallegos ambivalentes. El BNG tiene que seguir a la busca del enemigo perdido.