EL ARTE DEL NAVAJEO

OPINIÓN

10 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Felipe González ha sido un buen presidente de Gobierno. Por momentos. Un combativo líder de la oposición; un referente en el socialismo europeo y un extraordinario analista político. Un líder carismático. Pero ya no es nada. Y eso lo lleva fatal. Tanto que se ha especializado en el difícil arte del navajeo. La puñalada asestada a Rodríguez Zapatero, asegurando que el nuevo PSOE carece de proyecto e ideas, pone bien a las claras que el ex-presidente camina a la deriva. No aceptó que Aznar le ganase en las urnas. No admite que Zapatero gobierne el partido. No tolera que el país siga su camino. No soporta que se le lleve la contraria. Está cabreado con la Humanidad. Es cierto que el PSOE de Zapatero no se distingue precisamente por contar con un proyecto creíble y sólido. No se lo creen ni ellos. Y González ha puesto el dedo en la llaga. Pero es el último que debía de hacerlo. Por lealtad. Por generosidad y elegancia. Por respeto a quienes lo sucedieron y a la historia. Y, sobre todo, por respeto a los españoles que lo padecieron. El ingenioso Jardiel Poncela decía que el mayor atractivo de las personas es no conocerlas. Como siempre, tenía razón. González dejó de tener atractivo el día que lo conocimos. El día que supimos de la corrupción, del encarcelamiento de sus ministros, del GAL, del enriquecimiento de sus familiares, del trasiego de maletines, de los trapicheos de los responsables del Banco de España, la Guardia Civil y el BOE. El día que nos enteramos, por la prensa, como él, que este país era una inmundicia. Por eso está incapacitado para dar lecciones o exigir responsabilidades. Ni a los propios socialistas. Un destacado socialista, no adscrito a ninguna familia, clan o sector, rara especie por tanto, sostiene que el PSOE arreglará sus problemas el día que conceda a sus barones becas de estudio, al otro lado del Atlántico. Pues que empiece por González. A ver si hay suerte. Nos deja en paz y, de paso, aprende algo de lealtad y de ética.