Se ha vuelto a confirmar: no hay nada que ponga más cachondo a un tertuliano que una declaración de Felipe González. Su frase sobre el proyecto y las ideas de la nueva dirección socialista ha hecho arder las antenas. Fue analizada como si se tratara del tercer secreto de Fátima. Fue examinada como un vídeo de Bin Laden. Fue sometida a rayos X, para descubrir si González habló ex cátedra como los Papas, si quiere moverle la silla a Zapatero, si le domina el rencor, o es, simplemente, un viejo que chochea. Como es natural, no hubo acuerdo. Dramático para España: ¡Felipe ha producido un cisma en el gremio tertuliano! No han faltado, incluso, contertulios con fiebre que han sufrido alucinación: han visto que González le hizo un favor a Zapatero. ¿Cómo?, preguntaba el atónito moderador. «Ha demostrado que es autónomo y no vive condicionado por Felipe». Maravilloso. Aquí nadie sabemos explicar por qué los sindicatos van a una huelga general, pero una frase de Felipe resuelve una semana de crónicas y debates. Los plumillas tendríamos que hacerle un monumento. Lo que nadie ha preguntado, qué curioso, es si González tiene razón. Es decir, si es verdad que «está por demostrar que hay un nuevo proyecto con contenido e ideas». Y creo que es verdad, compañeiros. Felipe ha sido descortés. Le hizo una putada personal a Zapatero. Cometió la torpeza de darle al PP munición para el ataque. Pero el diagnóstico es acertado: el PSOE hizo un relevo de personas y de estilo, pero falta por ver cuál es su proyecto, más allá de las críticas puntuales al Gobierno o de iniciativas sueltas, como las ayudas familiares o el tramo único fiscal. Pero que no se desmoralice Rodríguez Zapatero. Aunque ahora se esté preguntando «qué hizo merecer esto», le ha tocado la lotería. Se va a beneficiar de una consecuencia colateral : los periodistas españoles que más se escuchan odian tanto a Felipe González, que se compadecen de sus víctimas. Toda persona masacrada por Felipe pasa a ser adorada por esos periodistas. O sea que, a partir de ahora, Zapatero empieza a ser querido. Si Felipe le hubiera ensalzado, sería uno de los suyos. Habría que echarle.