EL «MENSAJE RECIBIDO»

OPINIÓN

06 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Tiene razón Xosé Luis Barreiro: la Torre Eiffel sigue en pie. No se ha movido ninguno de sus hierros. La vieja Europa ha respirado como si hubiera despertado de un mal sueño. Pero ahora, sobre el lenguaje de las urnas, se puede decir que ni era para tanto el miedo, ni es para tanto la alegría que mostraron los periódicos de todo el continente. No era para tanto el miedo, porque no entraba en cabeza humana que monsieur Le Pen pudiera alzarse con la victoria. Los únicos que deben seguir aterrorizados son los socialistas galos, cuyo líder dimisionario no se atrevió ni a hacerse una foto ante la urna. Y no es para tanto la alegría, porque ese mismo señor Le Pen sigue teniendo seis millones de votos. La única satisfacción es que dicho político de extrema derecha se ha quedado por debajo del 20 por ciento, cuando pensaba que podía superar el 30. Pero seis millones de votos no pueden tranquilizar a nadie. Son seis millones de ciudadanos que, uno a uno, piensan en clave fascista. Representan la porción de sociedad que está contra el sistema. Son la muestra, gigantesca, por cierto, del refugio del voto desclasado. Son más que un ejército, esa frase hecha. Son mucho más que una multitud. Son una fuerza social que puede hacer proselitismo; que puede todavía determinar las elecciones legislativas y dar nuevos disgustos al socialismo. Y seis millones de votos influirán, naturalmente, en la gobernación de Francia y de toda Europa. Cuando Chirac dice, como Felipe González en otra ocasión, que «ha recibido el mensaje», no sabemos exactamente qué quiere decir. Pero quizá diga que hará una política que deje sin sitio, sin discurso y sin votos a esos extremismos. Y, para conseguir ese objetivo, no basta con palabras sobre la grandeza de la V República. Hay que hacer algo de la política que prometía Le Pen, especialmente en seguridad ciudadana y actitudes ante la inmigración. Desde este punto de vista, el facha francés ha perdido y ha ganado. Sus propuestas, enloquecidas o no, han dejado de ser indiferentes. Por eso, los resultados de Francia son una tranquilidad a corto plazo. Mirando al futuro, no sé por qué nos alegramos tanto.