Lugo podría convertirse en la primera ciudad gallega que es declarada municipio turístico sostenible, si prospera la solicitud hecha por el ayuntamiento y sobre la que debe pronunciarse la Secretaría de Estado de Turismo. Ello supondría entrar en un grupo privilegiado de ciudades europeas favorecidas con una promoción especial y con un flujo importante de visitantes interesados por los valores ecológicos. Nada menos. Recordé en su día en esta columna la sospecha de Álvaro Cunqueiro de que «teníamos en Lugo una lección ante los ojos, pero no sabemos verla». La lección está en esta capital un día romana que irradió su esplendor clásico sobre Galicia varios siglos antes de que lo hiciese la levítica Compostela. La rudeza legionaria y la dulzura virgiliana se dieron la mano para convertirse en progreso y en civilización. Cunqueiro creía que Lugo, por su romanidad, podía prestar «la ayuda de una clásica claridad, orden y medida a nuestra nebulosa céltica». Confío en que la idea de un municipio turístico sostenible incluya la recuperación de ese Lugo milenario, para que el mundo sepa que los gallegos también participamos de un clasicismo de primera línea.