PUERTAS AL CAMPO

JUAN J. MORALEJO

OPINIÓN

29 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Quieren ilegalizar a Herri Batasuna y tengo yo mis reparos, pero acabo de leer que a Hugh Thomas le parece «aceptable y además inteligente» la ilegalización, si HB está a favor de ETA, cosa que no se duda y tampoco que los apoyos a ETA entre la ciudadanía vasca no se acaban con la simpatía militante de HB y están también, con notable eficacia, en la política de los que no pegan un tiro ni sacuden el nogal, pero restan oponentes y recogen las nueces. En fin, creo que esa ilegalización, dejando aparte puntos de teoría, tiene puntos peliagudos de eficacia y aplicación práctica, incluso si los ilegalizados no acuerdan darse por provocados y pasar a un activismo todavía más coñazo, si cabe. Y cabe. Tengo la impresión de que HB es un conglomerado que va desde marginalidades sociales a gentes muy de orden y sacristía ¿ catolicarras , decía Indalecio Prieto-, gentes que son la reconversión de foralismos, carlismos y otras formas de sentirse incómodos frente al prójimo de mediana y larga distancia. Hay forofos de la pistola y la bomba, pero también gente normal que repugna ese activismo, o mira para otro lado, o lo disculpa creyéndose un par de enjuagues míticos sobre su raíz, identidad, historia, etcétera, en espera de una independencia feliz en la que ya no habrá que matar ni españoles ni vascos traidores. El caso es que ilegalizar a miles de ciudadanos, proscribirles su actividad sin entrar en mayores distingos de qué ciudadanos y qué actividad parece excesivo, peligroso, inútil. Además, como no hay un apoyómetro que precise hasta qué punto apoyas o dejas de apoyar, puedes temerte que «el que tiene la sartén por el mango y el mango también» tenga también un apoyómetro tan elástico y tan preciso a la vez que no deje títere con cabeza. Y así, mutatis mutandis, vienes a hacer la misma política represiva que persigues, corres el riesgo en encajarte en la batasunería que desprecia toda discrepancia y aplaude o disculpa su eliminación. El espacio me hace dar saltos lógicos, pero no me dejará sin escribir que la autodeterminación de Euskadi y la unidad de España son dos simples opiniones que han venido a dar en rollos cutres con que uno puede envilecer su vida o darle el coñazo al prójimo. Y en cuanto a violencias políticas, pregúntese ya a votantes del PP si consideran que Franco y comparsa del 36 eran golpistas violentos o salvadores de la Patria; y digan los votantes del PSOE e IU si los del 34 en Asturias eran golpistas violentos contra una República legítima o eran protagonistas de la Historia necesaria. Sabidos los resultados de esa encuesta, examinaremos quién tiene el criterio cierto y absoluto de cuándo se ejerce a tiempo y con razón la violencia en qué causas, o se la prohíbe. Por ejemplo, más de uno lamentará que en 1970 no le pareciese ETA tan mala porque le ayudaba a amolar a Francisco Franco; ahora otros les dirán que a sus fines legítimos les resulta rentable envilecerse con la bomba y el tiro en la nuca.