Se han hecho infinitos diagnósticos sobre los comportamientos y neurosis del poder. El más original, sin embargo, acaba de salir de boca del líder de UGT, Cándido Méndez. Ha dado una explicación médica de la política social del Gobierno. Ha hecho una interpretación psiquiátrica del comportamiento del presidente. Ha encontrado la clave de la falta de entendimiento entre el Gobierno y los agentes sociales, empresarios incluidos. Y es que el doctor Méndez, don Cándido, ha declarado a ABC : «Tengo la impresión de que cuando se cumplen seis años en La Moncloa se empieza a perder la cabeza». Supongo que don Cándido no quiere decir literalmente que hay que encerrar a José María Aznar. No. Todavía está en la fase del «tengo la impresión». Pero marca una distancia sublime entre el sindicalismo y las actitudes del Gobierno. Cuando algo no se entiende, se renuncia a buscar argumentos. Se zanja la cuestión diciendo que el contrincante ha perdido la cabeza, que es más que perder la razón. Pero Méndez da un paso más grueso: atribuye tal estado a un lugar físico, que no es otro que el Palacio de La Moncloa. Hasta ahora sabíamos que existía el complejo de Moncloa , que atenaza y secuestra a sus inquilinos, los aparta de la vida real y les hace ver visiones imperiales. A partir de ahora tenemos una nueva perspectiva: los pierde y los hace desvariar. Los presidentes que habitan ese espacio son, vistos con perspectiva sindical, los nuevos Rey Lear de Shakespeare que gritan: «¡Oh, dulces cielos! ¡Conservadme la razón! ¡Que no me vuelva loco!». Y todo pasa en un tiempo predeterminado por el destino: al cumplir los seis años en ese lugar. Quiere decirse que Aznar ha calculado mal. Se ha equivocado en un bienio. Aznar pensó que la pérdida de su cabeza se produciría en la tercera legislatura, y no es así. Decidió marcharse y abandonar los oropeles a los ocho años, y le sobran dos. ¡Nos quedan dos años con un presidente que ha perdido la cabeza! No sabe don Cándido Méndez cuánto nos alegra su descubrimiento. Nos pone en guardia. Y, de paso, ya sabemos cómo llamar a la huelga general que prepara. La llamaremos la huelga del psiquiatra .