¡Ojo al parche! Para conocer lo que defienden los partidos hay que mirar siempre en la buena dirección. No en la de sus documentos y programas, que tantas veces acaban en agua de borrajas, sino en la de la composición de sus equipos dirigentes. La cosa es tan vieja como los partidos burocráticos de masas, en los que, según hace un siglo apuntara Robert Michels, «las doctrinas son atenuadas y deformadas, cada vez que es necesario, según las exigencias externas de la organización». Fue, de hecho, el gran sociólogo alemán, pionero de los estudios de partidos, el primero en denunciar que «los esfuerzos realizados por cubrir las disensiones internas con un velo piadoso» eran «fruto inevitable de la organización basada en principios burocráticos». El BNG no constituye, obviamente, una excepción. Por eso la atención del público y los medios respecto a la asamblea nacional que hoy se clausura en A Coruña se ha centrado más en desentrañar cómo se repartirá el mando interno de ese conglomerado de independientes y partidos que es el Bloque, que en conocer el concreto contenido de unas ponencias que influirán, al fin, en su política, mucho menos que esa distribución de posiciones de poder.