26 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.
El Papa y sus cardenales han decidido que la Iglesia no puede admitir delincuentes en su seno. Necesitaron dos días de reuniones para anunciarlo. La inmensa mayoría de los sacerdotes no son pederastas, quién lo duda. Pero con los que sí lo son no caben medias tintas. Nada puede hacer más daño a la Iglesia que los titubeos.