CARLOS GARCÍA BAYÓN
23 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Me aseguran que, al fin, Julia Roberts, que poseía las axilas muy frondosas, se las ha afeitado por influencia de su estético y peluquero. Pronto serán los sobacos mejor pelados de Hollywood. A quienes debía dársele paralelo consejo de raparse los pelos, estén donde estén, en atención al buen gusto, es a Oneto y a Pío Cabanillas. Hoy, tal como está el paisaje, interesa llevar los pelos con cierta elegancia, igual que el presidente del Banco Central Europeo señor Wim Duisenberg, o Fidel Castro, o el patriarca de Jerusalén. Incluso si nos llevan a la horca. Cuenta Peyrefitte que Lèonar, peluquero de María Antonieta, la acompañó a la guillotina para aderezarla. Uno no sabe en que acto o presencia puede saltar la fama. De la citada Julia dicen que su mejor seducción emana cuando se sienta y ordeña una vaca. Ahora, con las axilas rapadas, va a ser como cuando a Isabel II le bajaba el temblor desde lo alto del pecho al anca rotunda de yegua real, como narra don Ramón. Pero, claro, en lo de la estética y cachondeo conviene no excederse. Podría ahogarnos y matarnos sin gracia. Transformar la estética en cadáveres sería doloroso servicio a la historia. Quedamos en que conviene llevar los pelos, se hallen aquí o allá, bien dispuestos, aunque se gaste bisoñé o se peine calva. La caspa le va mal a la poesía (Víctor Hugo).