VIRIATO
22 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.La suspensión de pagos del Grupo Kirch, la bancarrota de la plataforma británica de televisión digital terrestre ITV, la posible suspensión de pagos de United Pan-Europe Communications, el segundo mayor operador europeo de televisión por cable, la liquidación de la española Quiero TV y las que pueden seguirle también aquí, acabará con el momio que disfrutan los equipos de fútbol, las sociedades de gestión de derechos de autor y los productores de cine. La gallina de los huevos de oro se ha quedado sin huevos y anda escasa de plumas. Y los que han disfrutado de sus puestas van a ir pronto al médico afectados de indigestión. La Liga alemana de fútbol se ha quedado sin 460 millones de euros al año, la inglesa sin 105 millones y la española dejará de percibir 228,3 millones dentro de trece meses si sigue empecinada en no ver lo que todos ven. Adiós a los estadios de lujo y a los jugadores de 60 millones pieza. Adiós a la Liga de las Estrellas. Todos estrellados, incluidos los políticos que con estulticia han calificado al fútbol de «interés nacional» y al cine de «cuestión de Estado». Los productores se quedarán sin buena parte de los 150 millones al año que recaudan esquilmando a las televisiones con un impuesto del 5% de los ingresos brutos anuales, y las múltiples sociedades de gestión, nacidas con los cantos de la demagógica Ley de Propiedad Intelectual, verán esfumarse los 200 millones que reclaman al año y que equivalen al 6% de los ingresos brutos de las televisiones. Con las privadas en el matadero y los acreedores repartiéndose los despojos, volverán a su cauce las aguas desbordadas del fútbol, de las sociedades de gestión de derechos y de los productores de cine. Y como una cosa lleva a otra y las fichas del ajedrez caen cuando se las empuja, no queda mucho para que caigan las torres de la codicia y la soberbia. Veremos algún equipo de fútbol desaparecer, más de un productor quebrar y varias sociedades de derechos apagando las arañas y volviendo a los quinqués. Aunque siempre habrá alguno que diga: que me quiten lo bailao.