SE ACABA EL MOMIO

La Voz

OPINIÓN

La suspensión de pagos del Grupo Kirch, la bancarrota de la plataforma británica de televisión digital terrestre ITV, la posible suspensión de pagos de United Pan-Europe Communications, el segundo mayor operador europeo de televisión por cable, la liquidación de la española Quiero TV y las que pueden seguirle también aquí, acabará con el momio que disfrutan los equipos de fútbol, las sociedades de gestión de derechos de autor y los productores de cine. La gallina de los huevos de oro se ha quedado sin huevos y anda escasa de plumas. Y los que han disfrutado de sus puestas van a ir pronto al médico afectados de indigestión. La Liga alemana de fútbol se ha quedado sin 460 millones de euros al año, la inglesa sin 105 millones y la española dejará de percibir 228,3 millones dentro de trece meses si sigue empecinada en no ver lo que todos ven. Adiós a los estadios de lujo y a los jugadores de 60 millones pieza. Adiós a la Liga de las Estrellas. Todos estrellados, incluidos los políticos que con estulticia han calificado al fútbol de «interés nacional» y al cine de «cuestión de Estado». Los productores se quedarán sin buena parte de los 150 millones al año que recaudan esquilmando a las televisiones con un impuesto del 5% de los ingresos brutos anuales, y las múltiples sociedades de gestión, nacidas con los cantos de la demagógica Ley de Propiedad Intelectual, verán esfumarse los 200 millones que reclaman al año y que equivalen al 6% de los ingresos brutos de las televisiones. Con las privadas en el matadero y los acreedores repartiéndose los despojos, volverán a su cauce las aguas desbordadas del fútbol, de las sociedades de gestión de derechos y de los productores de cine. Y como una cosa lleva a otra y las fichas del ajedrez caen cuando se las empuja, no queda mucho para que caigan las torres de la codicia y la soberbia. Veremos algún equipo de fútbol desaparecer, más de un productor quebrar y varias sociedades de derechos apagando las arañas y volviendo a los quinqués. Aunque siempre habrá alguno que diga: que me quiten lo bailao.