LOS HUESOS DE LOS ANTEPASADOS

La Voz

OPINIÓN

CÉSAR ANTONIO MOLINA

19 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Cuenta Pausanias que, cuando la guerra de Troya parecía interminable, los adivinos profetizaron que los griegos nunca tomarían la ciudad hasta llevar junto a las murallas un hueso del héroe Pélope conservado en un arca de bronce en el templo de Artemisa en Olimpia. El hueso llegó a Troya y, tras la caída de la fortaleza, emprendió el regreso a su lugar de culto, pero una tormenta hizo naufragar la nave y la reliquia se perdió. Años más tarde un pescador la capturó y la enterró en la playa hasta saber qué podía hacer con ella. El oráculo de Delfos indicó devolver el hueso al templo. Así lo hizo y fue nombrado su guardián. Pélope era hijo de Tántalo, rey de Frigia, y de Eurinasas, hija de Pactolo, el río de las arenas de oro. Su padre, para poner a prueba la omnisciencia de los dioses, lo cortó en trocitos, lo guisó y se lo sirvió a los dioses en un gran festín. Excepto Deméter, todos se dieron cuenta de aquel horror. La diosa debía estar tan hambrienta que deboró uno de los hombros del infortunado jóven. Los dioses castigaron al padre y resucitaron al hijo, pero sólo pudieron restituírle el hueso por otro de marfil. Era éste el omóplato que se guardaba en Olimpia. En la antigüedad los huesos de animales prehistóricos estaban aún a la intemperie o semihundidos en la tierra. La isla de Samos estaba repleta. Sacerdotes y poetas identificaron estos yacimientos como los campos de batalla de la gigantomaquia: la lucha entre los gigantes y los dioses, según la contó Hesíodo en la Teogomía. El hueso de Pélope fue a parar a Olimpia porque el héroe había sido uno de los fundadores de los Juegos Olímpicos. Olimpia está a orillas del río Alfeo y, según dice Adrienne Mayor, los valles que la rodean contienen densas concentraciones de huesos de grandes mamíferos del Pleistoceno, incluyendo mamuts. Walter Burkert afirma que el omóplato desempeñaba un papel relevante en los sacrificios y en las predicciones del futuro. Pero ese primer hueso ya no fue el mismo que regresó a Olimpia. El que el pescador capturó en las aguas de Eubea, era mucho más antiguo. «Hoy sabemos que son valles sumergidos del Neógeno. Era el puente de tierra del Egeo habitado por animales extinguidos, grandes mamíferos como mastodontes o rinocerontes», dice Mayor. El Pelopeo, el santuario dedicado al héroe en Olimpia, data del siglo VII a.C. Pausamias llegó a Olimpia en el siglo II d.C. Buscó las ruinas del viejo templo de Artemisa, completamente cubiertas de viñas, y encontró todavía en pie el santuario de Pélope. Pero la reliquia ya no estaba. Dieciocho siglos después de Pausamias yo estuve en Olimpia. Entonces no sólo aquel omóplato había quedado reducido a polvo, sino todo el conjunto sagrado. Difícil era imaginarse la grandeza, fácil pensar cómo quedarán nuestras osamentas que no son de blanco marfil sino de húmeda cal. P.D.: En la Olimpia I, Píndaro se refiere a Tántalo. Niega que despedazase a su hijo: «En contra de lo dicho por mis predecesores afirmaré/ que, cuando tu padre invitó a los dioses al muy irreprochable/ festejo en su querida Sípilo (en Lidia hoy Turquía),/ para ofrecerles un banquete en reciprocidad,/ entonces el del brillante tridente te arrebató(...) / uno de tus envidiosos vecinos dijo en secreto/ que, desmembrado con su cuchillo,/ te habían arrojado al agua en su extremo hervor por obra del fuego,/ y que en la mesa, en un segundo reparto de carnes,/ te habían troceado y devorado...». Píndaro afirma que si alguna vez hubo un mortal honrado, ése fue Tántalo que no pudo resistir la envidia de los otros.