FERNANDO ONEGA
18 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.El presidente Aznar ha conseguido dejar intrigado al personal. Le soltó a Rodríguez Zapatero un «¡cuidado con la caída!» lleno de misterio. Estaban hablando del BBV y de la comisión de investigación que el PP no cree todavía conveniente. Ignoro si el señor Aznar enseñó los dientes como amenaza, si anunció la caída del líder socialista, o si tiene la convicción de que investigar políticamente las cuentas del escándalo perjudicará al PSOE. Una convicción de Presidente suele ser una buena información. Hay que aplicar, por tanto, la lógica en medio de tanta niebla. ¿Qué partido político puede estar implicado en el escándalo BBV? El que tiene más números en la tómbola es el PSOE. Y no por los antecedentes que amargan la vida de Zapatero, sino porque esas cuentas en paraísos fiscales de han creado durante mandato socialista. Y se han descubierto durante el mandato del Partido Popular. El único error ¿o mala suerte¿del PP es que ha nombrado secretario de Estado de Hacienda a un señor que había sido asesor fiscal en el banco. Esta historia no hizo más que empezar, y no puede haber conclusiones definitivas. Pero, si yo estuviese en la piel de Zapatero, no tensaría demasiado la cuerda. Primero, porque quizá sea un error convertir este asunto en un debate político, cuando lo único claro por ahora es el delito económico. Segundo, porque los datos conocidos suponen implicaciones espectaculares de hombres de empresa, como Alfonso Cortina u Oscar Fanjul, pero no de dirigentes políticos. Tercero, porque es tradición que los asuntos que investiga la Justicia no son investigados al mismo tiempo por el Parlamento. Y cuarto, porque lo único publicado en esta vertiente es que esas cuentas pueden haber albergado comisiones ilegales percibidas por socialistas. Frente a todo eso, ¿qué puede pescar la oposición? Como máximo, alguna rentabilidad colateral por créditos de familiares de Rodrigo Rato. ¿Les compensa? Sólo si Rodríguez Zapatero esconde una estrategia tan oculta que muy pocos se atreven a adivinar. Hoy por hoy, el caso BBV es una ciénaga donde todos se pueden ahogar. Todos, menos uno: el que tiene las riendas. Y Aznar las tiene todas.