GOLPE DE ESTADO EN VENEZUELA

La Voz

OPINIÓN

CHICO SÁNCHEZ

ANXO GUERREIRO

17 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

1.¿ La implicación de Estados Unidos en el fallido golpe de Estado en Venezuela, denunciado por el New York Times y admitida parcialmente por el propio portavoz de la Casa Blanca, no creo que haya sorprendido a nadie. Hugo Chávez es considerado en Washington un enemigo público. Las razones de esta inquina nada tienen que ver con las supuestas inclinaciones autocráticas de Chávez, sino con sus violaciones del código neoliberal y con su alternativa nacionalista, cuyo triunfo es considerado un precedente muy peligroso para el orden global en América Latina y por tanto inadmisible para EE UU. Desde el primer día de su mandato, Chávez contó con la oposición cerrada de la oligarquía venezolana y del Gobierno norteamericano. En 1999, después de los importantes disturbios organizados en Caracas por la antigua y corrupta clase política, Carlos Andrés Pérez escribía la crónica de un golpe anunciado al declarar que Hugo Chávez no duraría dos años en el poder, y al responder a la pregunta de quién lo iba a echar con un enigmático «eso ya lo veremos». La declaración de intenciones quedaba clara desde el principio, pero siendo Venezuela uno de los principales productores de petróleo del mundo, quizá el momento elegido para el golpe tenga relación con la crisis que vive Oriente Medio y su influencia en el mercado mundial del crudo. 2.¿ Venezuela podría ser uno de los países más ricos del mundo, si su extraordinaria riqueza petrolífera se hubiese utilizado para generar una economía dinámica capaz de asegurar un alto nivel de vida a la mayoría de la población. Esta posibilidad fue negada por un sistema político cuya clave de bóveda era la alternancia entre dos partidos (Acción Democrática y Copei), a través de los cuales se montó un gigantesco mecanismo de apropiación privada de la riqueza pública y un modelo de economía parasitaria que empobreció y polarizó el país. La crisis se vio agravada por el proceso de globalización cuyas políticas de ajuste, al recaer sobre las clases populares dispararon las desigualdades y la exclusión social. De este modo se desencadenó una grave crisis social y ésta se transformó rápidamente en crisis política. Es en este contexto donde surgen alternativas nacionalistas que, como la de Chávez, aspiran a cambiar el sistema político y social precedente y a renegociar las condiciones de inserción de su país en la economía global. 3.¿ Es absolutamente legítimo, como es obvio, la discrepancia con la política y el proyecto de Chávez. Pero la discrepancia no puede justificar nunca un golpe de Estado contra un gobierno salido de las urnas, salvo que éste ciegue los mecanismos democráticos e imposibilite la alternancia pacífica. Este no era el caso de Venezuela, pese a las denuncias de presiones sobre los medios de comunicación, mayoritariamente en manos de la oposición. ¿Se atrevería alguien, desde el rigor y no desde el prejuicio, a realizar un estudio comparado sobre el pluralismo informativo en Venezuela e Italia, dónde Berlusconi dirige las televisiones públicas y es propietario de las privadas? En otra ocasión hablaremos de la increíble vigencia de la ley del embudo. Mientras tanto debiéramos tener presente, como le recuerda el New York Times a su Gobierno, que la democracia no es una opción que podamos elegir sólo cuando conviene, sino un principio general del que no podemos abjurar bajo ninguna circunstancia. Los demócratas, claro.