«EL COYOTE»

La Voz

OPINIÓN

12 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

La historia de América Latina está repleta de dictadores, caciques, generales, terratenientes, caudillos, golpistas, prostitutas decrépitas y golfos. Es decir, inútiles. Por eso la historia de América Latina ha llevado a las sociedades a vivir en una agonía permanente. El último episodio, el que acaba de protagonizar el pueblo de Venezuela, no es más que un nuevo capítulo de esa triste crónica a la que parecen estar condenados los latinoamericanos. Ya decía Paul Morand que la historia, como un idiota, se repite mecánicamente. Hugo Chávez, el ex¿presidente venezolano, se creyó Simón Bolívar, el histórico libertador. Pero actuó como lo haría El Coyote , aquel personaje justiciero creado por José Mallorquí para disfrute de varias generaciones de españoles. Se comportó como un héroe de ficción y de cómic. Y gobernó el país como quien dirige una charanga. La crisis económica, social y política, sin precedentes, en la que está inmersa Venezuela, con una economía a la baja, con el 80% de su población en la miseria, sin inversión nacional ni extranjera y una economía sumergida que emplea al 51% de la población activa, hacía prever un final como el que ayer se ha producido. Porque Chávez, que vivió embriagado por su propio éxito, quiso ser justo, rebelde, cordial y un salvador inmortal. Y sólo fue un insensato, un vulgar demagogo, un chabacano, un megalómano y un alocado cretino. Desterrado el personaje de cómic que en los dos últimos años gobernó Venezuela, donde no hay que olvidar que decenas de miles de gallegos buscaron lo que su propio país les negaba, una vez más el futuro está en manos de quienes lo habitan. El pueblo ha de situarse por encima de cualquier consideración y liderar el viaje al cambio democrático que Chávez no supo realizar. Y la comunidad internacional, tan dada a arreglar la casa ajena, sin dejarse llevar por la tentación de su riqueza petrolífera, ha de ser paciente y respetuosa con el proceso. Es la mejor ayuda que se le puede prestar. Para que no regrese El Coyote .