¡QUÉ DESASTRE!

La Voz

OPINIÓN

Alguien lo ha descrito así: Sharon se asemeja a un demente que se entretiene tirando cerillas encendidas por un camino repleto de gasolina y de energía nuclear. Jamás hubiéramos creído que la larga marcha hacia la guerra iniciada por Ariel Sharon el 28 de septiembre de 2000, con su calculada visita y provocación a la Explanada de las Mezquitas en Jerusalén, podía llegar a la situación actual. Muchos de los que advertíamos desde hace meses sobre las consecuencias de la estrategia del líder ultraderechista del Likud, hoy primer ministro de Israel e imputado por la justicia belga por las matanzas de Sabra y Shatila, no nos queríamos creer lo que escribíamos. Y sin embargo, lo tenemos delante, ante nosotros.¡Qué desastre! ¡qué inmenso desastre! Es verdad que repugnan las imágenes de los cuerpos de ciudadanos israelíes rotos en mil pedazos tras la explosión de una bomba pegada al cuerpo de un, o una, adolescente palestina. También el pueblo israelí sufre las consecuencias de esta locura de fuego, muerte, misiles y disparos en la sien. Pero nada, nunca, en ninguna circunstancia, puede existir ningún argumento que justifique el comportamiento de un ejército que masacra a un pueblo al que le ha sido arrebatada su tierra, sus hogares y su futuro. Comprendo la ira desencadenada contra José Saramago en Israel, por su alusión a Auschwitz, al comparar los crímenes de los nazis con la actitud del gobierno de Tel Aviv en relación con los palestinos. Pero tampoco debemos estremecernos ni escandalizarnos. Saramago ha golpeado voluntariamente el imaginario colectivo de una sociedad biempensante. Nuestra tradicional costumbre de comportarnos como Pilatos, nunca mejor dicho en estas fechas y escenario, es proverbial. Somos del primer mundo, somos otra cosa . Pero de nada sirve lamentarnos. Ahora se trata de encontrar salidas. Nadie ignora que no existe solución militar. Pero todos deberíamos saber que el conflicto se puede extender y transformarse en una guerra regional. Y no olvidemos que Israel es una potencia nuclear que desequilibra cualquier escenario estratégico, lo que no impide que algún país árabe (Siria o Irak) intente realizar un gesto desesperado. Al parecer, Bush ha decidido no moverse, aconsejado por su padre y por los halcones del Consejo de Seguridad Nacional, con el fin de no enemistarse con el poderoso lobby judío estadounidense. Bush ha comenzado a pensar en la reelección. Lo que demuestra que es un presidente de política interior, incapaz de asumir el liderazgo mundial que los EEUU ejercen de forma indiscutible. Pero Europa no puede quedarse con los brazos cruzados. Lionel Jospin ha propuesto el envío inmediato de una fuerza de interposición de la ONU, que, naturalmente, es inviable sin el apoyo político y logístico de Bush. Y Aznar debe asumir el liderazgo europeo sin complejos. Y que no se le escape a nadie un disparo,y, por error , maten a Arafat.