PACO SÁNCHEZ DE SOL A SOL
03 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Unas caras riéndose, algunas de ellas demasiado concretas. Esa fue la imagen que se me vino a la cabeza. Una pena, porque hay risas que estragan al que ríe. Algunas veces el mal ajeno puede tener gracia, pero la muerte violenta de una persona nunca la tiene. Se habrán reído de que sus enemigos se maten entre sí y, con eso, habrán gastado otro mucho de humanidad. Pero siempre les quedará alguna, esa a la que hay que apelar, para fundar una esperanza. Lo sucedido ayer en San Sebastián engendra nuevos miedos sobre los ya antiguos, que no eran pocos. La amenaza se vuelve cada vez más difusa. Las pistolas preñan pistolas y paren balas. Y también algunas palabras. Parece muy conveniente ponerse de acuerdo en que las muertes no son materia de comercio. El tenor de las declaraciones sigue siendo demasiado partidista. Proliferaban ayer noche las denuncias: agrias y razonables, discutiblemente oportunas. Nunca se consiguió la unidad imprescindible para combatir el terrorismo. La muerte de ayer y las discusiones que suscita sólo eso manifiestan. Falta voluntad. Jugar al ajedrez o al billar con los muertos es aún peor que reírse de ellos.