EL AVEGLIFO

La Voz

OPINIÓN

Permítanme Roberto y Xosé Luís una pinga erudita a sus especulaciones sobre el AVE. Perdonarán que las llamo especulaciones, si son sensatas a esgalla , sensatas con balcones a la calle, que es como dicen en Graná para realzar el grado archisuperlativo en que se puede ser o tener algo. Archisensatas, pero especulaciones y, por tanto, me temo que destinadas al limbo en que vegetan otras muchas sensateces a las que se hicieron sordos los barandas, las fuerzas vivas y los redentores cuando hubo que dar la navallada de A Coruña a Vigo; o cuando se multiplicaron universidades, facultades y titulaciones sin ton ni son, o con menos ton y son de los debidos; o cuando se habló de autovías y se empeñaron en empedrafitarse hasta las orejas y, además de no haber terminado todavía, les está saliendo el kilómetro más caro que el kilo de angulas; o cuando se habló de aeropuertos y, si los dejan, hay uno por urbanización. Todavía nadie me ha dado una razón convincente de por qué la navallada que une A Coruña y Vigo no se arrimó todo lo debido al aeropuerto de Lavacolla, que había que estar ciego para no verlo. Bueno, ciego o, por lo menos, tres cuartos de chosco también está un amigo mío jacobeizante hasta las cachas, que es el tercer grado en que, tras la compostelanismidad , culmina el santiaguesismo; mi amigo dice que no quiere ir a ver el paseo marítimo de A Coruña, no vaya a ser que le guste. Y estas legañas de patriotería de palleiro en Galicia son pandémicas y un auténtico estorbo para pensar Galicia como comunidad, como conjunto de gentes que compartimos recursos y capacidades para remediar necesidades; con otras palabras, a veces estamos suspensos en la definición mínima de Civilización. Y me enrollé y tengo a mis amigos y al público en general pendientes de la nota erudita sobre el AVE y su trazado. Leídas ciertas alcaldeces y leído el Avespiral de Roberto, me dije para mis adentros y digo ahora para mis afueras ¡Vaites, os tempos son chegados! porque aquellos petroglifos que parecían enigmáticas vaguedades ahora resultan tener cumplido fin: ahora es evidente qué se nos quiso decir en los petroglifos de A Laxe da Roda en Louro, de Campolameiro, de Mogor ... Allí, en los que ya podemos llamar Aveglifos , nos dejaron nuestros antergos celtas el trazado que querían para el AVE ¡Benditos seáis, druídas de los tiempos idos, que tan en vuestra onda tenéis a los druídas de los tiempos que corren! Y corren, por cierto, que hasta le ganan al AVE, si va a ser verdad que por un quítame allá esos galpones o por cualquier trécola parecida, el AVE se va a quedar en pajarito rasante a 60 u 80 kilómetros por hora en algún tramo. Y no se consuela el que no quiere: si ponemos ochenta millones de milímetros por hora, la cosa suena mejor, pasa de intolerable a molona. En resumen, parece que el AVE reaviva todas las taifas cutres que ya hemos sufrido en otras muchas necesidades de Galicia en las que nuestros impuestos merecían mejor trato.