ENRIQUE CURIEL
28 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Era previsible, lo que no atenúa la gravedad y la trascendencia política de los hechos. Me refiero a la presión desencadenada por los dirigentes del Partido Popular y de los medios de comunicación que le son más próximos, públicos y privados, contra la nueva dirección del Partido Socialista de Euskadi (PSE). Desde la misma tarde del domingo, personalidades relevantes del partido del Gobierno, han denunciado por tierra, mar y aire, una suerte de traición de los socialistas en la medida en que la elección de Patxi López supondría una entrega a los nacionalistas democráticos, que, ya se sabe, son los auténticos responsables, dice Jaime Mayor Oreja, del gravísimo problema terrorista en Euskadi. De la crisis en el ayuntamiento de Donostia se ha pretendido deducir la prueba definitiva sobre la conspiración del PSE con el malhadado Arzalluz. Desde luego no es el mejor procedimiento para asegurar la buena salud del Acuerdo contra el Terrorismo suscrito por el PSOE y el PP. Todas las acusaciones han resultado especialmente obscenas cuando se producen a las pocas horas del entierro de Juan Priede López, último concejal asesinado, socialista por cierto. El problema que tiene planteado Patxi López y el PSE es otro, y no pequeño. Tiene que ver con el intento de recuperar la centralidad de su papel de Euskadi. Desde 1990, en las elecciones autonómicas, el PSE ha venido sufriendo un lento declive, simultáneo a la aparición y extensión electoral del PP. Hasta la fecha citada, el PSE se beneficiaba de la profunda crisis del centro derecha español, lo que producía un efecto refugio de sus votantes en las siglas socialistas. Los socialistas retrocedían en la franja de voto vasquista y de centro izquierda, que se compensaba con un voto prestado no nacionalista de centro derecha. Su integración subordinada en los gobiernos autónomos presididos por PNV, los acontecimientos que golpearon al Gobierno de Madrid, presidido por González, en relación con al lucha antiterrorista y la resurrección electoral del PP, determinaron el inicio del repliegue electoral. La pérdida del voto españolista , que vuelve a su lugar natural, y su alejamiento del vasquismo de centro izquierda, explican la situación actual. Si a la polarización creciente del escenario vasco entre el nacionalismo vasco y el español, le sumamos los brutales ataques de ETA contra líderes socialistas como Fernando Buesa y concejales de decenas de pueblos, podemos comprender la complejidad de la tarea de Patxi López. Es más que probable que el PSE quiera retornar al espacio en el que se movía desde 1977, vasquista y progresista, si pretende influir, e incluso, proponerse seriamente construir una alternativa de gobierno al PNV. Esta estrategia transversal no es sencilla y requerirá tiempo, paciencia, tejer y proponer salidas del laberinto. La merecen.