PÁJAROS NOCTURNOS

La Voz

OPINIÓN

BLANCA RIESTRA

26 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Parece que entre Europa y América, el salto sigue siendo milagroso e imposible. Los vuelos en pájaro metálico despegan con dificultades, parecen guardar el equilibrio a duras penas, ese equilibrio precario de una carcasa pesadísima en el aire incorpóreo de invierno. Uno se prepara para dar el salto como si preparase un vuelo astral o interplanetario. Pensé tanto, mientras nos aventurábamos dentro de la nada, con aquel océano oscuro allí abajo ¿oscuro y denso como la muerte más terrible¿, pensé tanto y con tanta fuerza en los grandes navegantes, piratas ingleses, pasajeros del Titanic, cargueros atestados de emigrantes, exiliados republicanos, Larrea, Alejandro Finisterre, León Felipe, Guillén, Cernuda... Estar suspendido sobre la nada nos revela, como por ensalmo, que todo pende de un hilo. Volamos sobre el abismo, la fragilidad del ser humano se convierte entonces en proeza. Pero, cuando uno desciende del avión, desorientado, aturdido, tonto, América resulta sólo hermosa, hermosa de una manera banal, con grandes lagos y bosques de hayas, rascacielos de ladrillo cálido y cielos ahogados por la nieve, nada hay en su suelo que satisfaga sueños de otredad, ya la tierra es igual por donde vamos, las ambiciones de países ignotos y profecías de Nuevo Mundo han quedado relegadas a los libros. Si algo retendré de estos días en Boston, será la desnudez de los árboles de Wellesley y la belleza de las sufragistas retratadas por sorpresa. Recordaré que el aire era frío y estaba perfumado de fritura en las encrucijadas del Downtown, y cómo estaban vacías las tiendas de vaqueros y cómo los niños no existían. Me traigo en la maleta amigos, y el rostro de Marcos Giralt Torrente cuando supo de mi boca lo de Carlos. Me traigo conversaciones apasionadas y discusiones bizantinas y botellas de vino californiano malo y un molinillo de pimienta sustraído. Recordaré siempre una escena absurda y tragicómica: cuatro gatos con pancartas en medio del Commons pidiendo paz para Irak en gran silencio; frente a ellos cuatro patriotas con bufandas y banderas pedían el bombardeo inmediato de todo el mundo árabe. No mediaban palabra, se miraban y en torno a ellos el mundo fenecía y una bandada de pájaros de invierno pasó como por ensalmo. Cuando regresamos fue noche cerrada. Hemos conocido la experiencia del abismo, por las ventanillas rugía la nada negra. Pero de pronto se hizo la luz y era el sol, que nos saludaba de vuelta a casa.