CÉSAR CASAL GONZÁLEZ
22 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Sientes vértigo. Es un milagro que la sociedad no dé varias vueltas de campaña. Las campañas de publicidad lo que pretenden es que nunca estés satisfecho. La infelicidad eterna es su objetivo. Estás harto. Le coges cariño a algo y se estropea a los dos días o ya no es glamouroso. Ésa es la trampa. Los objetos tienen una fecha de caducidad demasiado rápida. ¿Para qué tienen fecha de caducidad? Son como yogures. Antes, a nuestros padres, a nuestros abuelos les duraban las cosas. Los muebles, por ejemplo: aquella mecedora que aún tiene tu madre y en la que veías como la abuela daba sus cabezadas. Hoy los muebles de diseño no los entiende nadie y se rompen en dos telediarios. Pasa con todo. Otro ejemplo, la ropa. Cuando te encariñas con un jersey ya está roto por sus coderas. Buscas una coderas como las de toda la vida y te venden unas nuevas que se sujetan como pegatinas. Los vaqueros te los venden rotos. Te compras unos tenis y te duran tres partidos. Hasta tengo un amigo que era del Madrid y ahora dice que es del Barça. De locos. Parece una conjura, pero es un negocio. Hoy todo dura menos. Vamos, lo que el matrimonio de Eugenia y Francisco Rivera.