Joyce y Hemingway, a comienzos de los años veinte, fueron vecinos en París. El escritor norteamericano frecuentaba la librería Shakespeare and Company y fue uno de los primeros que le pagó la suscripción a Sylvia Beach para obtener un ejemplar de la primera edición del Ulysses. Ernest vivió en el tercer piso del nº 74 de la rue du Cardinal Lemoine. En el nº 71 vivió Joyce en un apartamento prestado por el poeta y traductor del Ulysses al francés, Valery Larbaud. En este lugar, en el año 1921, terminó la redacción de la novela comenzada en 1913. Pero para mí el lugar joyceano por excelencia de París está en la rue de l¿Odéon. Es una pequeña calle que da a la plaza del mismo nombre donde está uno de los más famosos teatros de la capital, el Odéon. Estamos en la Rive Gauche, la orilla izquierda, junto a Saint Germain. En este pequeño espacio se produjo el hecho más importante en la vida literaria del escritor irlandés y, paralelamente, tuvo lugar la existencia de dos mujeres fundamentales en la consecución de su fama definitiva: Adrienne Monnier y Sylvia Beach. La primera abrió, en el nº 7, Le Maison des Amis des Livres, un establecimiento que no sólo vendía libros, sino que también los prestaba. Adrienne realizó allí presentaciones, lecturas y reuniones, publicó boletines y alguna revista de corta duración. Vivía en un piso del nº 18. Luego lo compartió con Sylvia durante diecisiete años. Sylvia Beach era norteamericana y tenía cinco años más que Adrienne. Se quedó a vivir en París y, en 1919, abrió por muy poco tiempo una librería en la rue Dupuyten nº 8, muy cerca de donde se instaló definitivamente, el nº 12 de la rue de l¿Odéon, frente al local de su amiga. La llamó Shakespeare and Company y la especializó en literatura de lengua inglesa. En todo lo demás siguió el ejemplo de La Maison des Amis des Livres. Adrienne era católica y universitaria. Sylvia era presbiteriana y autodidacta. Todavía no se sabe si fue Joyce quien le propuso publicar la novela, rechazada por numerosos editores; o fue ella quien lo convenció. El caso es que esta modesta librera se convirtió en editora. Fue entonces cuando consiguió la fama pero también la ruina. Sylvia encargó a un magnífico impresor de Dijon, Maurice Darantiére, la impresión del Ulysses, mientras ella se puso a buscar suscriptores entre la colonia anglonorteamericana de París y fuera de la frontera francesa. Joyce entonces comenzó con su letra imposible a hacer correcciones sin fin y a pedir adelantos económicos insostenibles. Sylvia empeñó gran parte de su patrimonio y enfermó, pero el libro apareció para celebrar el cuadragésimo cumpleaños del autor. Fue Adrienne quien convenció a Sylvia y a Joyce para que rompieran aquella relación infernal. Joyce la acusó de robarle cuando ella estuvo a punto de tener que traspasar la librería para pagar las deudas. El autor se comportó con un egoísmo salvaje, indigno del esfuerzo y el sacrificio de su editora. Yo estoy de acuerdo con lo que escribió la poeta Marianne Moore: «¿Cómo hacer justicia a alguien tan extraordinario y delicado?». Sylvia relató sus memorias en Shakespeare and Company. La historia de ambas amigas continuó después de ese incidente. Monier siguió con su librería, escribió en revistas e intervino en programas de radio. Sylvia nunca se recuperó de aquel exitoso fracaso. En 1937 marchó varios meses a los EE UU para descansar y ver a la familia. Cuando regresó a su domicilio conyugal, se encontró a su amiga viviendo con la joven fotógrafa alemana Giséle Freund. Sylvia se trasladó a un altillo de su librería y vivió allí hasta que la cerró en el año 1941, estando ya Francia ocupada. Una tarde entró en la librería un oficial alemán. Quería comprar el único ejemplar del Finnegan¿s Wake expuesto como una reliquia en el escaparate. Sylvia se negó y haciendo caso omiso de las amenazas, cerró la librería y escondió todos los libros en un piso. Días después la detuvieron y la trasladaron a un campo de concentración donde estuvo internada varios meses. Tras la liberación volvió a vivir al nº 12 de la Rue de l¿Odéon. Adrienne se suicidó en el año 1955. Siempre que vengo a París paso por esta calle, a veces hasta sin proponérmelo. Miro los dos bajos, las casas, el piso en donde vivieron. Y comparo luego lo que yo he visto con las fotos de aquella época. Yo estoy ahora en el mismo lugar de espaldas a donde estuvo Le Maison des Amis des Livres. Enfrente veo una pequeña placa llena de polvo colocada entre dos de los balcones de la primera planta. Pone, «en 1922 Sylvia Beach publicó el Ulysses de James Joyce». Ahora en este local está Ann Gerard Creations. Es una lujosa joyería. Atravieso la calle y me asomo a su escaparate para observar el espacio de la fama. La fama que como dijo Rainer Maria Rilke, es la quinta esencia de todos los errores que rodean a un nombre. En la Rue de la Bucherie nº 37, junto al río, y a un costado de Notre Dame, existe otra librería llamada Shakespeare and Company. La pequeña plaza donde está es bonita, con unas fuentes antiguas, pero, a pesar de que algún visitante despistado cree encontrarse con la verdadera, nada tiene que ver.