CÉSAR CASAL GONZÁLEZ
01 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Qué más da: Juanito que Johan. Ridícula discusión. El tema no es si el esquiador comía salchicha de Baviera o jamón granadino de Sierra Nevada. No. Todo parece indicar que el medallista se inyectaba lo último. Iba hasta las cejas y eso es lo dramático. Es un paso más en la comedia olímpica. Primero quién se cree que los deportistas que participan en los juegos son aficionados. Qué más da que compitan por una bandera o por otra. Quién siente los colores. Quitémonos del todo las caretas y que corran bajo el nombre de sus patrocinadores. Como en el fútbol. Así no discutiríamos más si Juanito es de pata negra o de cerebro teutón. Serían los atletas de una bebida de cola, por ejemplo, contra los atletas de una marca de zapatillas. La puñetera realidad. Los únicos deportistas aficionados son los que se levantan un domingo por amor al arte para ir a jugar con un equipo al quinto pino de cualquier lugar. Lo demás es espectáculo, dinero y derechos de televisión. Dejen de discutir sobre si Johan o Juan. Lo que hay que lamentar es que la exigencia de este circo lleva a superar lo insuperable: o sea, a drogarse. Eso es lo peor. Menudo ejemplo es el de Juanito si su médico se llama Darbepoeitin.