TOQUES DE CLASE

RAMÓN BALTAR

OPINIÓN

27 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

En medio del cacareo de gallinas cluecas en que se ha convertido el reñidero de la política española, destacan dos aportaciones del presidente de la Xunta propias de un servidor público de vista larga. La primera fue una respuesta laminadora a no sé qué antropólogo que anda largando majaderías sobre el multiculturalismo como gangrena de las sociedades democráticas. Teorizaciones de este jaez, recordó muy puesto en razón el señor Fraga, llevaron a la expulsión de musulmanes y judíos, y a poner fin a la coexistencia de las tres grandes culturas en nuestro suelo patrio. Hay maestros que no saben leer y quieren poner escuela. De no menor momento es la reiteración de su vieja propuesta de retocar la Constitución para hacer del Senado una verdadera cámara de representación territorial ( CE 69.1), y no de segunda lectura y coladero de enmiendas vespertinas que en el Congreso levantarían liebres. Como los peores estacazos vienen de la misma madera, sus correligionarios, tan originales, se encargaron de descalificarla con simplezas: ahora no toca, falta consenso, eso favorecería al nacionalismo, no representa la posición mayoritaria en el partido. Pero hasta un topo sin lentillas vería que la reforma del Senado es necesaria y urgente. Necesaria porque si todos reconocen que no cumple la función asignada por la Constitución, no parece muy serio seguir en las trece por temor reverencial. Urgente porque el equilibrio entre el poder central y autonomías no saldrá de la negociación bilateral (y oportunista), sino de la discusión conjunta en el lugar institucional destinado a ello. La situación actual estorba la solidariedad interterritorial. Lo que daña el sistema es el incumplimiento vencible de las previsiones del texto constitucional. Reformarlo a tiempo es una muestra de madurez democrática y de prudencia política.