DESCONFIANZA

La Voz

OPINIÓN

ERNESTO S. POMBO

27 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Los asesinos de ETA y los que con el silencio amparan sus acciones no están en un buen momento. Los últimos días no les han sido propicios. Y eso nos debe de llevar a los demócratas a ir enfriando la botella de champán. Para que cuando lleguen mejores tiempos, brindar como tienen por norma ellos cada vez que se produce una nueva víctima. A la continua desarticulación de comandos se han unido el acuerdo del Concierto Económico, el estudio de fórmulas de protección de los amenazados, la convocatoria unitaria de las organizaciones juveniles y, sobre todo, la negativa de candidatos de Batasuna de concurrir a las municipales de 2003, por mucho que algunos dirigentes lo nieguen, si no se impone el sentido común. Esto es, que se abandone el tiro en la nuca. Hacía tiempo que no teníamos la oportunidad de manejar tantos datos para la esperanza. Tampoco es definitivo. Pero estamos, como apuntó el socialista Jáuregui ante «un pequeño gran paso para el cambio de rumbo». Y hay que aprovecharlo con realismo, y con moderado optimismo. Por eso, cuando fue necesario esperar cuatro años, para ver sentadas en torno a la misma mesa a las fuerzas democráticas, no deja de resultar ofensiva la postura de quienes hablan ahora de «teatro», «conducta desleal» y «doble juego». Nuevamente la desconfianza, las interpretaciones dispares y el desánimo vuelven a enlodar las negociaciones. Cuando los violentos comienzan a sentirse acorralados, siempre hay alguien empeñado en darles oxígeno. Los que sólo han conocido el lado amargo de la vida y los que, desde la distancia, asistimos a permanentes episodios de sangre y luto, entendemos que en Euskadi sólo existe una prioridad. Salvar vidas. Lo demás es secundario. Y ello les obliga a hacer todo lo humanamente posible por entenderse. Hay que ilusionarse. No cabe el desánimo. Menos, la desconfianza. Porque ya decía Demófilo que el que desconfía de todo es digno de que nadie se fíe de él.