XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS
22 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.¡Genial! ¡Sencillamente genial! Rodríguez Zapatero renuncia a hacer un pacto de Estado sobre la enseñanza -que es lo suyo y lo que de verdad le apetece- y decide arrojarse sin red en brazos de la juventud. Y para eso va a crear un nuevo ministerio, encargado de dialogar con los chavales y gobernar a su gusto. Antes de tomar cualquier medida que pudiera ser impopular, el nuevo ministro se bajará a la calle y empezará a preguntarle a los adolescentes si quieren hacer la reválida, acostarse temprano los jueves para no fumarse la clase del viernes, hacer pruebas de alcoholemia o hacer exámenes de matemáticas. Y en el supuesto de que digan que no, como es previsible, el ministro de la Juventud pondrá manos a la obra para legislar a favor de la chavalada, mientras a los mayores se nos exige prudencia, buena letra, orden, impuestos y educación cívica. También oí decir que ese nuevo ministerio se va a ocupar del precio de la vivienda -¡ei carballeira!-, del primer empleo -¡yupi!- y de otras cosas por el estilo. Y por eso cabe imaginar que la reforma Zapatero va a progresar por dos vías excitantes: una que nos va a llevar hacia una estructura burocrática netamente invasiva, ya que sólo puede vivir de acaparar competencias y euros de otros ministerios y de arrancarle virutas a los programas de acción sectorial; y otra que nos debe llevar a aplicar idéntica filosofía a todos los problemas, hasta crear los importantes ministerios de la Vejez, los Maduritos, los Inmigrantes, los Parados y los Hinchas de Fútbol. ¡Es la leche! Todavía no nos han dicho cuál es su plan para contrarrestar las reformas del PP, o si creen que todo está bien y debe de continuar inmutable. Tampoco nos han dicho si están de acuerdo con las movidas nocturnas, y si consideran que el trasnoche es un signo de nuestra identidad cultural. Pero ya nos han dicho que van a solucionarlo todo aumentando la burocracia, mientras dan la sensación de que todavía no saben para qué sirve -y para qué no sirve- tan original ministerio. Tampoco nos dice Rodríguez Zapatero a qué juventud se refiere: ¿a los de 14 años?, ¿a los de 18?, ¿a los que han terminado su carrera y buscan casa?, ¿a los que ya tienen su primer hijo? Porque es evidente que ni son lo mismo ni quieren las mismas cosas, por lo que hay que concluir que la juventud, como actor político específico, no existe, y que es un enorme peligro tomar como referencia al grupo más deslizante y efímero del conjunto social. Claro que no hay mal que por bien no venga. Y aunque es evidente que un ministerio horizontal siempre es un engorro costoso e inútil, quizá sea útil para acomodar a José Blanco. Y eso, háganme caso, no es un tema menor.