PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS RINCÓN DEL VIENTO
19 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Les juro que he vuelto a leer lo de la cédula, esta vez aplicada a un baloncestista fracturado, pero yo ya no puedo más y, por otra parte, a lo mejor esto figura en cualquiera de las «cápsulas» del contrato de los deportistas que, dentro del principio de la libertad de pactos, pueden convenir lo que les dé la gana, siempre que no sea contrario a las leyes, la moral o el orden público. Y, además, ustedes no tienen la culpa de este embrollo de fracturas óseas y del lenguaje. Decididamente, me rindo y callo para siempre, como en la vieja acción de jactancia de nuestras Partidas. Pero esto de la cédula es contagioso pues, con motivo del testamento de Camilo José Cela, Mirós, usufructos y demás, se han leído otras lindezas acerca de la «nula» propiedad, que ya es rizar el rizo del reduccionismo del Derecho, por limpia y limitada que sea la nuda propiedad. Y hasta, en un diario oficial, se denomina a Navarra «Comunidad Floral», y de «floral» se adjetiva también su Derecho. Esto justifica mi última licencia de intromisión en asuntos léxicos. Conste que no digo todo esto -líbreme la petulancia- por lo de la reforma educativa en ciernes y la consiguiente restauración de la reválida. ¿O sí?