CULTURA URBANÍSTICA

La Voz

OPINIÓN

XERARDO ESTÉVEZ

09 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

En el pensamiento de J. J. Rousseau resulta de singular actualidad su visión urbana. «Sólo comenzamos a hacernos propiamente hombres cuando hayamos sido ciudadanos». En la Europa de nuestro tiempo, el concepto de ciudadanía se ha ampliado más allá de los clásicos deberes y derechos del revolucionario siglo XVIII, sobre todo a partir de los cambios sociopolíticos de los últimos cincuenta años, del papel desarrollado por las ciudades y de las demandas surgidas del proceso de urbanización. No obstante, la citada frase de Rousseau vale para entender que la convivencia depende, en buena medida, de nuestra facultad de ser ciudadanos, es decir, de nuestra capacidad para hacer ciudad. Ello supone una cultura y educación urbanística individual y colectiva. Imaginemos una ciudad en la que todo gira en torno al negocio inmobiliario; donde lo que importa son los datos y las cifras, sin referencia a la calidad de vida. Una ciudad en la que se destruye el patrimonio y no hay coto a las infracciones urbanísticas, se construye sin planeamiento, todo está admitido o tolerado por la administración. ¿Cómo serían sus calles y plazas? ¿Cómo serían sus ciudadanos? Imaginemos, por el contrario, una ciudad que, propiciando el crecimiento, rehabilita su patrimonio; que cuenta con instrumentos de planeamiento adecuados y donde se cumple la legalidad urbanística; donde la calidad de los espacios públicos es una referencia permanente en el discurso público y en la opinión compartida por jóvenes y adultos. Pienso que la cultura y la educación urbanísticas se alcanzan, fundamentalmente, por medio del planeamiento, ya que una de las funciones del plan es la de armonizar los intereses particulares con el general desde una visión global. En este sentido, desempeña un papel moralizante. Por el contrario, un compendio de urbanismo y arquitectura de mala calidad provoca la renuencia de la ciudadanía hacia su entorno y puede dificultar la convivencia. Se podría decir: construye bien tu ciudad y convivirás mejor. Pero ¿es fácil explicar el planeamiento? Siempre me ha sorprendido la facilidad de los gallegos para situar sus propiedades en los planos. Claro que eso es la letra pequeña. La partitura completa consistiría en relacionarlas con los espacios públicos, los equipamientos, las estrategias urbanas..., con el interés general, en una palabra. La tarea es hoy más fácil gracias a las nuevas técnicas de expresión gráfica, y debe realizarse, sobre todo, en las fases de exposición pública del planeamiento. Pero la apuesta de futuro tiene que empezar por la escuela, enseñando la complejidad y riqueza de las relaciones urbanas a través, por qué no, de una asignatura de La ciudad que combine las vivencias personales con los principios generales del urbanismo, la geografía, la sociología y la economía.