TAMBORES DE GUERRA

La Voz

OPINIÓN

ENRIQUE CURIEL

07 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

No lo digo yo. Lo ha dicho el presidente Bush enfundado en una cazadora de piloto y rodeado por los mandos de la Base Eglin de la Fuerza Aérea situada en Florida. En un gesto altamente significativo, hacía coincidir el acto con los militares con el envío a la Cámara de Representantes del proyecto de presupuestos para el año 2003. El dinero se empleará, según Bush, «para librar una guerra que no buscamos, pero que estamos decididos a ganar». Se incrementa el presupuesto de defensa en el 12% y el gasto para la seguridad interna el 111% en relación con el presupuesto vigente. Al mismo tiempo, se congelan las partidas de gasto social, es decir, disminuyen en términos reales, y se mantiene la voluntad de rebajar los impuestos para las empresas y para las rentas más altas, según afirman los demócratas. El desequilibrio presupuestario esperan neutralizarlo con la subasta de los derechos para extraer el crudo de las reservas petroleras de Alaska, a lo que siempre se opuso Clinton, y que se ha convertido en un dulce caramelo para los intereses de las petroleras norteamericanas, tan cercanas a la familia presidencial. Con este presupuesto se confirman las peores previsiones sobre la visión del mundo que tiene la administración Bush tras el 11-S. Es razonable que pretendan mejorar los mecanismos de la seguridad interior, cuando agencias federales como el FBI, o la CIA, no se enteraron de nada de lo que se venía encima. Pero Bush pretende aprovechar la situación de una sociedad atenazada por el miedo para incluir un presupuesto militar que, antes del ataque contra las Torres Gemelas, jamás se hubiera atrevido a llevar al Parlamento con la segura oposición de los demócratas. El clima de nuevo macarthysmo, estimulado desde la administración, ha congelado cualquier atisbo de oposición social. No olvidemos que tras el dolor generado por la zona cero, la esposa del vicepresidente Dick Cheney hizo pública una lista de cien intelectuales catalogados de traidores. Con tal presupuesto de defensa, al que Europa y los países de la OTAN ni pueden ni quieren aproximarse, Bush quiere asegurar la supremacía tecnológica USA para las próximas décadas y para intervenir donde quieran, cuando quieran y cómo quieran. El eje del mal al que se refirió Bush en el discurso sobre el estado de la Unión no constituye un adversario estratégico para un sistema de defensa como el norteamericano. Y el reactivado escudo antimisiles no parece que esté destinado a la lucha antiterrorista en Filipinas. Se trata de consolidar el unilateralismo, incluso al margen de la OTAN, como ha señalado el europeo secretario general de la Alianza Atlántica. A partir de ahora, EE UU no necesita aliados. Ni los quiere. Tiene la sartén por el mango, y el mango también.